Por este motivo ha hecho un llamamiento a las escuderías para mantener una reunión. Una asamblea de crisis en la que poner coto a los excesos a la hora de saber qué está haciendo el rival. Un intento, quizás, de lavar la imagen de la Fórmula-1.
El que Renault reconociera que sí, que poseía información de McLaren -a su vez sancionada por espiar a Ferrari-, pero que no la utilizó, ha sido la gota que ha colmado el vaso en una campaña en la que los despachos, las reclamaciones y los comisarios han cobrado excesivo protagonismo.
Eso sí, al parecer todas las escuderías aguardan con impaciencia la reunión. Todas, menos tres. Precisamente, las salpicadas por toda esta historia de espionajes cruzados: Renault, McLaren y Ferrari.





