Para Moisés Llordén, uno de los autores del catálogo urbanístico que precedió al de Rañada y profesor de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Oviedo, ambos casos ejemplifican «las mayores aberraciones urbanísticas» que se han hecho en tiempos reciente en Gijón. Respecto a la Ciudadela, que está dentro de las propuestas de inclusión en el nuevo inventario, asegura que carece de valor histórico y lamenta que con ella «se haya jugado políticamente a que fue un foco de vivienda obrera cuando su configuración obedece a que en aquellos tiempos no se podía hacer otra cosa». Al profesor, el martillo de Capua le parece «otra entelequia». En cuanto a la actual sede del Colegio de Arquitectos, donde el arquitecto César Ruiz-Larrea agregó a una casona del siglo XVI elementos de la arquitectura contemporánea, Llordén opina que «ahí se ha hecho otra barbaridad».
El catedrático universitario y también experto en urbanismo, Ramón Alvargonzález, es especialmente crítico con las obras de reforma acometidas en la Universidad Laboral, con intervenciones como la del nuevo teatro que, a su juicio, «han alterado sensiblemente» la concepción original de Luis Moya para el monumental conjunto arquitectónico.
Arquitectos locales como Diego Cabezudo y Manuel Hernández Sande también han puesto sus reparos a las recientes remodelaciones que han sufrido la torre de Bankunión, cuyo portal está propuesto para ser catalogado, y el centro de salud Puerta de la Villa, también sugerido para la ampliación del inventario de inmuebles catalogados. Los dos técnicos consideran que esas obras de rehabilitación han «adulterado» las construcciones originales al borrar la huellas arquitectónicas de la época. En el caso del antiguo ambulatorio, se suprimió la escalera de la fachada principal y se edificó en planta baja, espacio que ocupaban antes jardines y aparcamiento.





