
PERSONAL
PERSONAL
-Antes que nada, enhorabuena por el homenaje que le han rendido sus compañeros.
-Muchísimas gracias.
-¿Emocionado?
-Hoy (por ayer) más tranquilo. Aunque está claro que eso no pasa todos los días. Fue muy entrañable, porque estuvimos entre amigos de la Administración de Justicia.
-Empecemos por el principio. ¿Cómo llega un orensano en 1972 a Gijón?
-Para ejercer la profesión. Era forense en el juzgado de Instrucción número dos, cuando sólo había tres juzgados en la ciudad, unos años antes de la muerte de Franco.
-¿Cómo era entonces la Administración de Justicia?
-Con ser tres juzgados ya lo digo todo. Éramos todos conocidos, todos una familia. Trabaja en régimen de pluriempleo, en Justicia y en la Seguridad Social. Para los que son jóvenes no es fácil de comprender, con lo escaso que está el trabajo ahora, que nosotros pudiéramos tener varios. Pero luego, con la ley de Incompatibilidades, opté por la Seguridad Social.
-Forense y traumatólogo. ¿Tienen algo en común?
-En la medicina legal ves muchos problemas de traumatología, accidentados de tráfico, por ejemplo. Pero también otras cosas que no tienen nada que ver, de pediatría, de ginecología... Hay que saber un poco de todo.
-Si tuviera que elegir, ¿con qué se quedaría?
-Cuando tuve que hacerlo, me quedé con lo que más me gustaba en ese momento, la traumatología. Pero las dos cosas me gustaban, fui muy feliz en las dos.
-Y además, médico del Sporting. Tercera cuestión distinta.
-Sí, aunque lo cierto es que en el equipo el doctor González Vázquez y yo nos ocupábamos más de la traumatología y el doctor Germán Argüelles, de la medicina deportiva.
-Mucho han cambiado las cosas en el equipo hasta ahora.
-En lo deportivo, mucho. Operamos los meniscos de Maceda, de Cundi... Entonces teníamos que abrir la rodilla, no había resonancia magnética. Ahora pueden hacer diagnósticos muy precisos con una incisión mínima. Pero las lesiones siguen siendo las mismas. Un menisco es un menisco y un ligamento cruzado es un ligamento cruzado. Entonces era muy distinto, pero para nosotros y para el Real Madrid.
-Ahora la diferencia con el Real Madrid es mucho más grande.
-Bueno, en lo deportivo.
-¿Sigue la evolución del equipo?
-Conozco a la gente de antes, a los directivos y los empleados. Pero al fútbol ahora no voy.
-¿Qué es lo que más va a echar de menos tras la jubilación?
-Se echa de menos todo, aunque nada en concreto. Ahora viviré con otro tempus, no hay reloj, no hay que administrar las vacaciones ni el tiempo libre. Pero tengo la suerte de que los amigos que tengo, pocos pero muy fieles, siguen siendo los mismos. Pero no tengo ningún síndrome del jubilado. Leo, pesco, pinto, me entretengo mucho en internet, escucho música, paseo con el perro... En enero me voy de viaje a Estados Unidos. Lo paso bien.
Aficiones
-Vamos, que sin trabajar no se va a aburrir.
-No, ni me voy a deprimir tampoco. Hay que adaptarse. En la medicina eso se vive de cerca. He convivido con la vida, el sufrimiento, el padecimiento, el dolor... Los médicos conocemos bien el calendario de la vida, convivimos con él. Hay que dar gracias a Dios cuando todo va bien, y aceptar cuando vienen otras cosas.
-La jubilación, ¿en Gijón o en su tierra? ¿O su tierra ya es esta?
-Mi tierra ahora es esta. Llevo aquí 35 años, mis hijos son asturianos, he hecho aquí mi vida y aquí la tengo. Tengo familia en Galicia y voy con frecuencia, pero vivo en Gijón.
-Un Gijón muy distinto al que se encontró.
-Mucho. En habitantes casi no ha crecido, porque hemos pasado muchos años con crecimiento cero, pero sí es mucho más extenso. Gijón era el cogollo, Cimadevilla y el centro. Las carreteras de Oviedo y Avilés eran viejas. Apenas había coches y todos cabían en la calle. Ha mejorado la calidad de vida y el bienestar ha llegado a todo el mundo. Gijón era un pueblo, pequeño, pero un pueblo.
-En la medicina y la justicia lo habrá notado especialmente.
-Era tan distinto... No había drogas, no había divorcios, casi no había accidentes de tráfico... La modernidad es otra cosa.





