Dentro de mes y medio empezarán a notarse en Asturias los primeros beneficios de la alta velocidad, aunque sea de una forma modesta, porque a partir de Valladolid, cuando discurra el viaje por ancho de vía convencional, los trenes Alvia no superarán los 200 kilómetros por hora. A finales del año 2008 está previsto que el AVE llegue hasta León, y el viaje hasta Gijón se situará por debajo de las cuatro horas, con lo que empezará a ser competitivo con respecto al viaje en automóvil.
La terminación de la variante de Pajares, un trayecto de escasos 50 kilómetros, con el doble túnel de 25 kilómetros de longitud -el séptimo más largo del mundo- y un presupuesto de 1.960 millones de euros, estará acabada en el año 2009, tal como reiteradamente han asegurado el presidente Zapatero, la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, y el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces. Lo que no está establecido es el tiempo que se empleará en poner las nuevas vías y en electrificar la línea para posibilitar el tránsito de los convoyes de alta velocidad. En el citado año 2009 estará también concluido el estudio informativo sobre el trazado que debe seguir la alta velocidad desde Lena hasta Gijón. Mientras no se acometa esta actuación no podrá incorporarse Asturias plenamente a las ventajas de las líneas de alta velocidad.
En los estudios europeos sobre alta velocidad ferroviaria se valora que las distancias entre 400 y 600 kilómetros recorridas por AVE en menos de tres horas captan el 60% de los usuarios del avión, y para cumplir esta premisa de tiempo hace falta que el tráfico entre Lena y Gijón discurra por una vía propia, sin necesidad de compatibilizar el tráfico con los trenes de cercanías y con mercancías convencionales.
La otra línea de alta velocidad proyectada para dar servicio a Asturias, el Transcantábrico, un corredor que comunica las cuatro comunidades bañadas por el mar Cantábrico, fue impugnada por los socialistas asturianos al presentar el programa electoral con el que concurrirán a las elecciones generales del próximo mes de marzo. El coste medioambiental del corredor, que surcaría la región de Oeste a Este, motivaría este rechazo. Posteriormente, el secretario general de la FSA, Javier Fernández, estableció exactamente la posición de su partido, al señalar que la oposición de los socialistas asturianos no es al AVE del Cantábrico, sino al trazado concreto que baraja el Ministerio de Fomento, que discurre por toda la rasa costera, con una pequeño desvío hacia el interior, para pasar por el municipio de Llanera.
El Transcantábrico es un proyecto de alta velocidad surgido tras la crisis del 'Prestige', cuando el Gobierno de Aznar redactó el Plan Galicia para compensar a las comunidades ribereñas del Cantábrico de los perjuicios causados por la marea negra. En la actualidad está incluido en el Plan Estratégico de Infraestructuras de Transporte (PEIT). En el Transcantábrico hay que distinguir entre el valor del corredor, que permite la comunicación en breve lapso de tiempo entre las cuatro comunidades y el trazado concreto del mismo. Sería muy difícil de justificar el veto al proyecto, cuando el propio PEIT fue presentado por el presidente Zapatero, en el mes de julio de 2005, bajo el lema de unir a todas las capitales de provincia de España por AVE y por autovía. Asturias no puede ser una excepción. La decisión del Gobierno de Cantabria de impulsar la construcción de la línea que une el País Vasco con Cantabria sería un primer paso en la consecución del Transcantábrico.
Esta decisión no implica soslayar los costes medioambientales del AVE. La rasa costera asturiana tiene un gran valor dentro de una costa española degrada por los excesos urbanísticos. Preservar la costa no es sólo una cuestión de conciencia ecológica sino la decisión coherente con el mantenimiento de una fuente de riqueza económica. En la rasa costera asturiana ya hay línea de ferrocarril, autovía, carretera convencional, industrias, servicios, las mejores explotaciones ganaderas e importantes poblaciones. Hacer pasar una infraestructura de tanta envergadura como el AVE puede suponer un daño irreversible. Hay tiempo para estudiar trazados alternativos, que sin duda llevarán incorporado su coste medioambiental, pero no supondrán una degradación tan importante como el trazado costero. Asturias no puede renunciar al Transcantábrico, porque dentro de veinte o treinta años pocas regiones costeras europeas estarán al margen de las líneas de alta velocidad. Necesitamos el acceso a la Meseta, pero también la comunicación transversal que nos comunique con Francia en poco más de una hora. La propuesta de potenciar el Feve, planteada por los socialistas, es acertada para los servicios de cercanías y con las alas de la región, pero no resta atractivo al Transcantábrico. Ahora lo que hay que hacer es un estudio riguroso sobre trazados, para tomar decisiones sin urgencias electorales.





