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La financiación, asignatura pendiente
11.11.07 -

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COMO cualquier empresa, la sanidad se asienta sobre tres pilares fundamentales: infraestructuras, recursos humanos y financiación. La sanidad asturiana, en cuanto a estructuras se refiere, quizás no tenga una distribución racional, pero no se puede dudar de que su red es una de las más completas de España, aunque eso agrave su sostenibilidad.

Si hablamos de recursos humanos, el panorama se ensombrece. Los salarios del personal son los más bajos de España, la política de contrataciones es la más precaria, no ha habido ninguna oferta de empleo sanitario hasta la fecha y la promoción prácticamente no existe -cerca del 80% de las vacantes de jefaturas de unidad se amortizan-. Como consecuencia, los profesionales, sobre todo los médicos, no sólo no vienen a Asturias, sino que los asturianos emigran, cada vez más, a otras autonomías o a otros países con ofertas más atrayentes.

La financiación es la asignatura pendiente de la sanidad. En España es inferior en casi un punto del PIB en relación con la media europea. El problema se agudiza en Asturias por tener una red sanitaria y unos recursos humanos proporcionalmente mayores a la media nacional.

Con estas mimbres, España ha logrado una buena sanidad, según los índices de satisfacción de la población, y Asturias es una de las autonomías más valoradas. Sin embargo, ni los países de nuestro entorno son ineficaces, ni nosotros hemos encontrado la fórmula magistral. Los países de la Unión Europea, salvo pocas excepciones, llevan años implantando medidas correctoras y, mal que bien, están logrando la sostenibilidad de sus correspondientes sistemas de salud. En España, esa sostenibilidad corre cada vez más peligro sin que las diversas administraciones sanitarias se arriesguen a introducir correcciones por temor a pagar precio político.

Al contrario, siguen incrementando con poco criterio sus carteras de servicios, puesto que la salud, como principal preocupación de los ciudadanos, es un campo abonado para la recolección de votos.

Hace pocos días, hemos conocido las declaraciones de nuestro consejero de Salud en las que, coincidiendo con nuestras premoniciones, anunciaba una «reforma profunda» del actual sistema, porque la continuidad de las políticas actuales «resultaría catastrófica para la sostenibilidad del modelo público de atención» hoy vigente y detallaba una serie de iniciativas -algunas «impopulares»- que se sustanciarán en una futura Ley de Salud. Felicitamos al consejero por el diagnóstico y tratamiento propuestos y, aunque no podremos opinar sobre la reforma hasta conocerla en profundidad, parece prometedora.

Nos parece peligrosa su declaración de que inyectar más recursos económicos no es una solución por sí misma. Si hablamos de apertura de los centros de salud en horario de tarde, de completar la insuficiente plantilla sanitaria actual, de incentivar a los trabajadores para desplazarse a zonas donde sean más necesarios y de reducir de las listas de espera, la aportación de mayores recursos económicos es imprescindible. En cuanto a implantar medidas impopulares, es poco probable que sus superiores políticos lo permitan.

La contratación de profesionales extranjeros sólo puede ser testimonial si tenemos en cuenta que elegirán primero otros países de Europa y después otras autonomías con mejores ofertas que Asturias. La mejor solución sería atenerse a los acuerdos sindicales en vigor desde 2002 y convocar cada dos años ofertas de empleo y concursos de traslado.

Nos preocupa que aparezcan matices electoralistas difíciles de cumplir o que nada significan, como regular por decreto los tiempos máximos de las listas de espera, recoger en la Ley de Salud un catálogo de derechos y deberes, creado ya a escala central hace algunos años; decir que el nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) «significará no sólo el traslado del edificio, sino una nueva forma de entender la atención sanitaria» (?); crear un decreto de voluntades anticipadas de los pacientes, ya recogido en la Ley Autonómica del Paciente del año 2002, y aplicar la Telemedicina en algunas áreas, algo ya prometido en otras ocasiones.

Si el discurso es sincero, contará con nuestro apoyo. No deseamos que a la reforma sanitaria asturiana le ocurra como al Hospital de Arriondas, que, a pesar de no existir ningún obstáculo para su integración plena en el Servicio de Salud, lo que permitiría mejorar su gestión y sus recursos, lo único que se propone es un mero cambio de estatutos que nada soluciona.

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