Invocar a Santa Bárbara cuando ya truena y relampaguea es común en la condición humana, pero bienvenida sea dicha oración si con ella conseguimos un sol que ahuyente los nubarrones que se ciernen sobre nuestra sanidad. Cualquier iniciativa que se realice con la intención y la firmeza de mejorar la calidad sanitaria y, por tanto, incrementar la salud y el bienestar de la sociedad asturiana, es recibida por la profesión médica como si fuera el maná que los israelitas recibieron en la travesía del desierto.
Le damos la enhorabuena, señor consejero, a usted y a todo su equipo y nos ponemos a su disposición para colaborar en esa dirección. Es totalmente sincera esta manifestación, porque, como usted sabe y toda la sociedad asturiana conoce, desde el año 2004, las Sociedades Científicas de Atención Primaria, el Sindicato Médico y esta ilustre institución, el Colegio de Médicos de Asturias, pedimos incesantemente, con medidas simbólicas de presión (ruedas de prensa, paros de 10 minutos, pegatinas, explicaciones a los enfermos, etcétera) más calidad sanitaria. Y se la pedimos con algo tan sencillo, pero tan fundamental, como es más tiempo de dedicación al paciente.
Toda la sanidad, desde sus ancestros, se fundamenta en un núcleo central, en una célula esencial, sin la cual no existiría ni la medicina, ni los sistemas sanitarios, ni el Estado de bienestar actual. Este centro esencial tan importante es el 'acto médico', que es, ni más ni menos, que el encuentro entre el médico profesional y el paciente. Es el encuentro entre una conciencia (la del médico) y una confianza (la del paciente), que deposita en un marco ético su don más preciado; su salud, su vida, al buen hacer médico.
Este acto sublime es decisivo para que exista una intimidad y fluya una confianza entre el médico y el paciente que facilite esa relación, que persistirá mientras dure la enfermedad y que, naturalmente, está plenamente blindado por el secreto profesional, por la información entre el médico y el paciente, por la libertad de prescripción, por la formación y la ciencia del médico, por el respeto mutuo entre ambos y por la libre voluntad del paciente. Si no disponen el médico y el paciente del tiempo suficiente para que se produzca esa empatía, esa confianza, esa intimidad, el 'acto médico' no se produce satisfactoriamente y el encuentro médico/paciente no pasará de un mero acto formal administrativo. La sanidad será un gigante con los pies de barro que tragará presupuestos y será insostenible. Como usted mismo auguraba, señor consejero, su futuro será catastrófico.
Adelante, pues, con esta reforma. Los médicos estamos dispuestos, queremos más tiempo para nuestros pacientes y no sólo estamos demostrándolo desde hace años solidariamente. También a escala individual tenemos ejemplos de médicos que buscan ese tiempo precioso para su profesión, para sus pacientes, aun a costa de sanciones, expedientes y otros tipos de argucias administrativas que sólo contribuyen a complicar y a oscurecer algo tan elemental como el tiempo sagrado del paciente.
¿Sería ésta una solución a serios problemas que tiene la sanidad? No nos quepa la menor duda. Mejoraría la relación médico/paciente infinitamente, disminuiría drásticamente la falta de respeto entre ambos y, por tanto, las agresiones a los facultativos. Pero es más, seguro que habría una sustancial mejora en la cuenta de resultados farmacéuticos, porque la exploración médica sería la adecuada y, consecuentemente, la prescripción sería mucho más ajustada.
Los pacientes ya están concienciados de que este es el camino y ya existen movimientos a favor de esos médicos que apoyan el tiempo del paciente, esos médicos que piden tiempo porque así nos lo exige nuestro código deontológico en su capítulo 5, artículo 20, apartado 2, y que dice textualmente: «Individualmente o por mediación de sus organizadores, el médico debe llamar la atención de la comunidad sobre las deficiencias que impiden el correcto ejercicio de su profesión. Estos movimientos seguirán en aumento, porque la sociedad conoce y sabe dónde se encuentra su bienestar sanitario. Vayamos todos juntos para conseguir la mejor sanidad; nunca deje de lado al médico, que sabe bien cuáles son los mejores cimientos de este edificio sanitario para que se sostenga sin fisuras».
Hace años que venimos avisando. No éramos agoreros, veíamos la realidad. Hoy tendremos que recurrir a médicos extranjeros, pero en esto también tenemos algo que decir. No podemos permitir menos formación que la que tenemos los médicos españoles, que tanto dinero nos cuesta a todos y que se han dejado escapar por frivolidades administrativas. No podemos permitir un déficit de idioma porque tampoco se obtendría un 'acto médico' de calidad. Pedimos encarecidamente que inviertan y traten bien a los médicos que se forman en nuestra comunidad, incentivándolos y no permitiendo que se vayan a otras comunidades en situaciones más ventajosas como ha estado ocurriendo en estos últimos años. Los médicos asturianos, a la cola nunca más. Reformemos todos juntos la sanidad asturiana y busquemos la excelencia sanitaria. Esta comunidad lo espera ansiosamente.





