Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Más Actualidad

OPINIÓN ARTICULOS
Un solo día
11.11.07 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
EL capítulo era sobre la mosca de un solo día. Creo. Nada permanece muy seguro en la memoria, menos si la memoria está hecha de retazos de infancia cuando hay tanto que guardar. Hay que guardar el sabor de las gomas de borrar, olores de libretas y libros nuevos, las reglas inquebrantables de cada uno de los juegos, los nombres y apellidos de compañeros, especialmente de aquellos que comparten pupitre o castigos. Así que creo que el capítulo era sobre la mosca de un solo día. La abeja Maya solía zumbar lejos de su colmena, ampliando horizontes muy a pesar de Willi y los consejos de la señorita Cassandra. En ese aventurar por el país multicolor, Maya topaba con cualquier clase de insecto, bicho o animal, con el que solía entablar conversación para saciar su curiosidad, que era la nuestra. En esa ocasión, Maya disfrutaba de un día entero, espléndido, gozoso, con un ser que sólo tenía eso, un día. Veinticuatro horas que ya entonces parecían poca cosa. Su nuevo amigo se mostraba alegre e increíblemente agradecido por aquel día eterno y soleado que constituía todo su mundo. Podías despertarte alegre o enfadado, así que mejor alegre. Podías refunfuñar tu suerte o saborearla, así que mejor saborearla. Podías charlar con los otros o encerrarte en tu silencio, así que mejor la cháchara juguetona. Podías descubrir a cada segundo nuevas y estimulantes maravillas, prodigios únicos e irrepetibles o quedarte aprisionado en tu mundo de una sola dirección, así que mejor salir a fisgonear. Podías dejar pasa las horas a su ritmo inescrutable o exprimirlas al tuyo, así que mejor sacarles el jugo y la esencia. Eso hacía el bichito, con unos ojos de mosca o de saltamontes, no recuerdo, que miraban fijos a Maya para hacerle comprender el espíritu de la historia. Para alguien que cree que su vida es más larga que la de los demás, que supone ciertas garantías y las deposita en el futuro, para quien considera las mañanas una sucesión de amaneceres obligados, la repetición perenne de la vida regalada, comprender que el mecanismo tiene fecha de caducidad resulta mucho más que complicado. Y, no obstante, Maya comprendió. Tal vez embriagada por todas las cosas que pudo hacer en un solo día, cautivada por la misma fuerza de atracción que ejercen los límites. También nosotros éramos eternos, entonces, con ese tiempo alargado que se gasta la niñez, pero también nosotros comprendimos, al menos aquella tarde, el valor de las horas sumando un día, puestas unas sobre otras, consumidas eficaz y limpiamente. El capítulo era sobre la mosca de un solo día, creo. Nada permanece muy seguro en la memoria. Puede que realmente fuera sobre nosotros, los de un solo día, los que tenemos presente y mucha fe en los futuros.

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS