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Oviedo

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El Vasco a mano alzada
Los dibujos de Santiago Calatrava apenas desvelan cuál será el diseño final de un proyecto aprobado en 2002 y que ha contado más cambios que obras
11.11.07 -
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El Vasco a mano alzada
PINTANDO. Calatrava explica el futuro proyecto en su visita de octubre. / JESÚS DÍAZ
Dice que no sabe dibujar, pero en cada visita se lía a abocetar edificios en una pizarra. Lo hizo el año pasado, al explicar el «diálogo» del Palacio de Congresos con las torres residenciales de Buenavista; y de nuevo dibujó hace doce días, esta vez para sugerir cómo quedará la parcela de El Vasco. Aunque diga no dominarlo sobre papel, Santiago Calatrava prefiere el trazo para explicarse que la palabra sola.

Sin embargo, ni el tiralíneas ni el discurso aclararon mucho sobre el futuro de la última parcela, aquélla donde en agosto de 1906 la Sociedad de Ferrocarriles Vasco-Asturiana inauguró una estación modernista, que aglutinó por décadas comercios, tertulias y paseos entre el trajín apurado de miles de viajeros y el próspero trasiego de mercancías.

En 1989, el de aquélla Ayuntamiento socialista decidió demoler el histórico complejo, que cayó en agosto bajo el peso de una recalificación mixta (pisos, parking y centro de estudios público). Nueve años después, y con el color consistorial tornado en azul, el Gobierno local del PP sacó a concurso el resto del suelo, el erial entre Gascona y la Cruz Roja, para que alguna empresa excavase allí otro aparcamiento.

Comenzó entonces, en 1998, una historia que en 2007 sólo cuenta con un dibujo y, precisamente, un parking a medio hacer donde antes estaba la escombrera. Lo demás, sigue aparcado. El próximo diciembre, según Calatrava, el boceto será ya infografía y El Vasco, una obra en marcha.

¿Pero qué habrá? Tanto el arquitecto como la empresa para la que trabaja, Jovellanos XXI, sostienen que todavía no hay nada cerrado. Sin embargo, Calatrava ofreció de palabra un dato más relevante que los cuatro edificios apuntados en la pizarra. Sugirió que uno de dichos inmuebles tendría «uso público». Tamaña finalidad resultaría sorprendente, cuando Jovellanos XXI se gastó seis millones de euros el año pasado en adquirir el único bloque perfilado que disfrutaba de futuro uso municipal, o sea público.

Colección de dudas

La incógnita se añade a una colección de amagos que parte desde antes de la denominada operación de los palacios. Tras el concurso para un segundo aparcamiento de 1998, que quedó desierto, el alcalde sopesó la zona como emplazamiento de la colección de pintura Masaveu. En 2000, Gabino de Lorenzo pergeñó un Palacio de las Artes, que sacó a concurso junto con otro de Congresos. La convocatoria también quedó desierta. El erial parecía maldito.

Por refranero, el tercer intento salió apañado. En enero de 2002, y previa recalificación de ambas parcelas para adaptarlas a los intereses de Jovellanos XXI (la única empresa que se había presentado a la segunda convocatoria), el Pleno municipal le adjudicó el proyecto conjunto de El Vasco y Buenavista a la sociedad de Pepe Cosmen y Alberto Lago.

Pero casi seis años después, El Vasco se parece más a la estación demolida que a un catálogo de arquitectura vanguardista. Jovellanos XXI dice aguardar las infografías remozadas de Calatrava para plantar un plano definitivo bajo el casco de un jefe de obra. Aunque no lo ha reconocido oficialmente, los trabajos están prácticamente detenidos desde el último trimestre del año pasado, cuando desmontó tres de las cuatro grúas torre que atechaban el paisaje a la entrada por la autopista, y los cabreados vecinos del Edifico Panorama se despertaron, incrédulos, sin ruido.

Para esa fecha, Calatrava ya había rehecho por dos veces el dibujo de la cosa: para cambiar palacio por Facultad de Bellas Artes, y luego por un supuesto Palacio Municipal o nuevo Ayuntamiento, junto a un bloque de 84 viviendas y un edificio comercial. Todo, sobre las cinco plantas del parking horadado, cuyas costillas de hormigón se exhiben desnudas a la intemperie desde 2006.

El propio Jacobo Cosmen admitía en octubre de ese año, con el ilustre valenciano visitando su ingenio blanco de Buenavista, que El Vasco «lleva un ritmo muy bajo». Dijo también que estaría acabado a finales de 2009. Con otra modificación de bocetos y usos, parece imposible. La fecha original, la asignada en el contrato de 2002, era 2006 (cuatro años de plazo).

Acordes y desacuerdos

Para otro contratista municipal, el incumplimiento de calendario le valdría una sanción económica. Pero en los palacios, el negociado es siempre especial.

Por un lado, el Ayuntamiento fue el responsable de los interminables cambios de proyecto desde 2002, en función de las ideas que le iban asaltando a Gabino de Lorenzo. Y, más importante aún, el Consistorio incumplió también su parte del acuerdo, pues debía abonar en cuatro anualidades los alrededor de 30 millones de euros comprometidos para el edificio municipal, independientemente de que fuese palacio, facultad, casa consistorial o pista de patinaje (el de Buenavista, para no financiarlo, lo privatizó por 50 años).

El impago público le permitió a la empresa amenazar con una resolución del contrato si la Administración no mejoraba las condiciones o aflojaba el monedero. En agosto de 2005, presentó un informe encargado al abogado Raúl Bocanegra que los técnicos municipales aceptaron al pie de la letra. Como compensación, el Ayuntamiento vendió el subsuelo del susodicho aparcamiento (antes dado en concesión), aumentó las superficies comerciales y residenciales, renunció al centro social y abrió la puerta a la venta del manido edificio público. La resolvió al año siguiente con otro concurso al que sólo acudió, de nuevo, Jovellanos XXI. Por seis millones de euros, se hizo con él.

Y, desde entonces, calma. El anterior concejal de Urbanismo, José Agustín Cuervas-Mons, reconoció en enero de 2007 que desconocía si la obra estaba parada. Tampoco le preguntó a la empresa. Su sustituto en el cargo, Alberto Mortera, anunció en el Pleno de agosto que en El Vasco se alzaría una «referencia arquitectónica», valoración que a buen seguro recibirá cualquier proyecto que entregue el Premio Príncipe de las Artes 1999, pero que también puede sugerir algo más.

El diseño último de Calatrava deberá obtener el visto bueno del Consistorio, lógicamente, pues se trata de suelo público, aunque sea para una operación donde, finalmente, todo el aprovechamiento haya desembocado en privado.

La empresa dice desconocer los planes del arquitecto, éste desconoce los usos de cada inmueble («el destino exactamente no lo sé», admitió el pasado 29 de octubre), y el Ayuntamiento intuye una «referencia». O sea, que por certezas sólo hay dibujos a mano alzada para cuatro bloques y un parque. Si un edificio es público, si a cambio hay más viviendas, hay torres residenciales, un hotel... eso se verá en diciembre. Sea lo que sea, igual al final de veras será.

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