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GIJÓN
Cosas de la vida
12.11.07 -

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FUENTE inagotable. Reclamo desde estas mismas páginas que se cambien ahora mismo los libros de Derecho. Sí, que en sus nuevas ediciones se contemple una nueva fuente aún no reconocida. Sé, por los tiempos en que fui estudiante, que para éste las fuentes del Derecho vigentes son: la ley, la costumbre y los principios generales del Derecho. Pero hay más. Existe una apócrifa y que nos facilita instrumentos legales tan válidos como los anteriormente citados. Me refiero, claro está, al chigre. En la misma moran cada día los juristas más valiosos que, pese a no tener ningún reconocimiento oficial, ejercen su ardua labor para regocijo popular. El chigre, como fuente de Derecho, aportaría a nuestro ordenamiento jurídico todo un vademécum de leyes extraídas de la mismísima calle que nada tendrían que envidiar a las actuales. Miren si no el caso que les expongo. Por dos personas que tengo al lado en este nuevo aula de Derecho vivo (recuerden, un chigre cualquiera), me entero de que una de ellas se quiere separar de su actual pareja. Éste le dice a su compañero de barra que tiene una mala situación y, por tanto, la relación se hace insoportable. El problema, parece ser, es que no sabe cómo decírselo y, para eso, para que le aconseje, está su acompañante. Lo primero que hace éste es preguntarle algo obvio a todas luces: si existe una tercera persona. Le responde que sí, se llama Milene y es brasileña. El nuevo catedrático se lo piensa un poco y expone la siguiente manera de resolver el conflicto. Tomen nota. Le asegura que lo mejor es que se la lleve a su casa, la presente a su actual mujer y luego, hablándolo entre los tres, el problema se resolverá solo. O sea, que la nueva jurisprudencia para separaciones matrimoniales consiste en tratar el tema civilizadamente entre las partes implicadas, puesto que, seguro, lo entenderán de sobra. Recuerden: el chigre, la nueva fuente de Derecho, tiene soluciones para las cosas más inesperadas.

Mundo kitsch. Siempre me han fascinado los bares a pie de carretera. Y no me refiero a esos nuevos macro complejos donde se juntan gasolinera con supermercado y cafetería de diseño pegada al lado. Quiero hablarles de los de toda la vida, de esos que ves y dices: «Ahí debe comerse bien porque hay muchos camiones parados». En ellos, nada más entrar, te das cuenta de que son lugares donde la gente no para mucho tiempo, o sea, no tienen una convivencia social tan arraigada como en los tradicionales. Así, todo parece ser eventual: clientes, menús o souvenirs que ofrecen. Esto último, por cierto, es siempre fascinante para mí. Si se paran a ver los mismos pueden encontrarse con cosas tan chuscas como: llaveros que reproducen órganos sexuales normalmente masculinos (también llamados 'pollones'), o fotos de la maciza de turno (preferentemente en calendarios), o CDs de los cantantes más bisoños (Georgie Dann y María Jesús la de los pajaritos suelen ser los más habituales en las listas). En fin, piérdanse por alguno de esos bares de antigua nacional que es una experiencia. Se lo aseguro.

Nuevos tiempos. Siempre dije que, en la sociedad actual, es más fácil encontrar a un ingeniero o economista que a un electricista o fontanero. El otro día lo pude comprobar. Ante una pequeña avería que servidor -inútil titulado- era incapaz de arreglar, tuve que acudir a un profesional para que me ayudase. Éste apareció de mala gana, farfullando no sé qué y, encima, tratándome poco menos que de discapacitado laboral (inútil, como ven, ya me declaro yo). El caso es que hizo su trabajo a regañadientes porque, según él, para estas pequeñas cosas no hacía falta llamar a nadie. Bueno -tendría que haberle dicho- es lo mismo que cuando la gente me pide que le mire un extracto bancario, rellene un cheque o le pase al ordenador un texto. Cada uno sabe en lo suyo, ¿o no?

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