-Al fin mi 'Diccionario del disparate' recibió una crítica atinada y profesional.
-¿Cuála, ho?- me interesé.
-Pues ni más ni menos que la de mi muy admirado colega y paisano Víctor García de la Concha, en la que asegura que mi obra es única en su género.
(«¿Cómo que no existe otras de tales características!», pensé para mis superficiales adentros, y entre paréntesis, por aquello de no quitarle la ilusión).
Y ahora hagan ustedes el favor de leer las siete últimas incorporaciones al diccionario de marras:
Adosados: las relaciones entre no pocas parejas son equiparables a las existentes entre chalés adosados: están pegados, pero no hay comunicación entre ellos.
Diferencia: la más destacable entre mi suegra y un terrorista, es que con este último se puede llegar a negociar.
Guirigay: turista extranjero, homosexual y dado al griterío y la confusión.
Malversación: acción y efecto de usar ilícitamente los versos ajenos. Por ejemplo, Sibila, la bruja del Natahoyo, lo hace reiteradamente con los versos de su amigo Monchu el Liras que le sirven para ciertas predicciones. Así: «Antes que Sporting y Oviedo / vuelvan a estar en Primera, / en un posu sidra 'vedo' / que será una larga espera. / Tan larga que, antes del hechu, / estará acabau el trechu / entre Llanes y Unquera».
Récord: la autobiografía escrita por Pepe'l Jumelas posiblemente sea la más corta del mundo: «Vine, vid, bebí y viví».
Reyvindicación: reclamar la implantación o la continuidad de la monarquía.
Venganza: dícese del manjar más sabroso de entre los condimentados por Satán. Es un plato que sabe mejor frío. Los más vengativos son incluso partidarios de convertirlo en un manjar congelado, a fin de que la persona sufridora de la venganza no se acuerde siquiera ni de quién es el vengador.





