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GIJÓN
Valdediós

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HE estado otra vez en Valdediós. Hace ya muchos meses y más de un años desde la primera vez que fui. Esta vez, además, pudimos visitar el Conventín, con una guía que por cierto se jubilaba al día siguiente y que fue muy amable con los visitantes, en su mayor parte gijoneses. Primero fuimos a la misa de doce en el monasterio con los monjes cistercienses que allí residen.

Valdediós es ante todo un lugar turístico, bastante abandonado por cierto, como si el turismo no fuera una buena fuente de ingresos. A lo peor, como es un lugar de culto, no goza del favor de las autoridades actuales. Sin embargo, tiene su historia, desde su fundación bajo el reinado de Alfonso IX hasta nuestros días. El Conventín es pequeño, pero precioso. Tiene unos recovecos donde se nos dice que reposaban los peregrinos que hacían el Camino de Santiago. O eran muy pequeños o tenían que dormir prácticamente sin poder estirarse. Todo es historia allí, historia de siglos, bien poco explotada, repetimos. Parece como si tuviéramos vergüenza de nuestra propia historia. Desde Covadonga a nuestros días. A lo sumo, propagamos nuestra gastronomía, nuestro paisaje, nuestra temperatura ideal...

Aparte lo religioso, Valdediós tiene también otra historia, bien triste, de nuestra Guerra Civil. Allí asesinarían a unos cuantos compatriotas que cuidaban a los enfermos del psiquiátrico de La Cadellada, que, por estar en el frente de combate en el asedio de Oviedo, fueron trasladados a Valdediós, lugar solitario. Pero, un mal día, llegaron al monasterio las fuerzas nacionales en su avance hacia Gijón al final de la guerra en Asturias. Consideraron 'rojos' a los enfermeros y a las enfermeras que cuidaban a sus pacientes en el monasterio. Y, sin más, los mandaron salir una noche y los mataron vilmente. Una placa, bastante descuidada por cierto, recuerda el lugar y la fosa común. Una historia tristemente olvidada. Como Valdediós.

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