
El jefe del Ejecutivo sostuvo en el Centro Galicia, ante cientos de veteranos socialistas, que su réplica es su forma de entender «la democracia» y que, según su visión, consiste en «articular la convivencia, respetar todas las ideas y todas las formas de pensar», aunque no se compartan. Pese al incidente, el presidente español confía en que las relaciones con Venezuela no se vean afectadas.
Fuentes gubernamentales atribuyeron la actitud del presidente de Venezuela en la XVII Cumbre Iberoamericana a dos razones: a la sorpresa por la reacción de Zapatero en defensa de Aznar y a que su país ha dejado de recibir una atención preferente por parte del Gobierno español. Chávez contaba, según estas fuentes, con que el jefe del Ejecutivo iba a dejar pasar o, al menos, no iba a ponerse de la forma en que lo hizo del lado de su antecesor, con el que mantiene grandes diferencias.
Zapatero reconoció públicamente el gesto que tuvo el día anterior José María Aznar al llamarle para agradecerle su respuesta al gobernante venezolano y subrayó que este tipo de detalles «contribuye a mejorar el clima político».
Aznar y su sucesor mantuvieron una conversación de 10 minutos en la que el ex presidente, según relató Zapatero, afirmó que «lo cortés no quita lo valiente».
No obstante, Mariano Rajoy puso ayer un 'pero' a la defensa que José Luis Rodríguez Zapatero hizo de José María Aznar en la Cumbre Iberoamericana. El líder del PP admitió que la respuesta del presidente del Gobierno al venezolano Hugo Chávez fue adecuada, pero alegó que «llega tarde». Los populares sostienen que el incidente vivido anteayer en Chile, en el que también se vio implicado el Rey, es producto de una política exterior errónea, en la que se han frecuentado «amistades peligrosas» que en apenas cuatro añoso ha «dilapidado» el prestigio y la influencia de España en el mundo. «Quien siembra vientos recoge tempestades», apuntó Rajoy.
Los «peores aliados»
El jefe de la oposición aseguró que Zapatero se ha rodeado de «los peores aliados», dentro y fuera de España y que son esos aliados, justamente, quienes reventaron la cumbre con una demostración de su capacidad ilimitada para «insultar y menospreciar» a los españoles. «Nuestros aliados deben ser quienes son como nosotros, los gobernantes occidentales, liberales y democráticos y no Cuba, Bolivia y Chávez», defendió.
Lo ocurrido es, a ojos de Rajoy, un hecho de «enorme gravedad». Que se ataque a embajadores y empresarios españoles con una fiereza como la mostrada por Chávez y el nicaragüense Daniel Ortega es un síntoma, según su criterio, de que las cosas no se han hecho bien. «Zapatero ha renunciado a defender los intereses de España con la determinación exigida y ha logrado irritar a todos: a Marruecos, Argelia y los saharauis. Ha perdido influencia en Europa, ha llamado fracasada a Angela Merkel, carecemos de influencia en Estados Unidos y ahora nos insultan en las cumbres iberoamericanas», criticó.
No basta para el líder del PP que el jefe del Ejecutivo supiera encontrar las palabras adecuadas para reprender al polémico presidente de Venezuela. José María Aznar le telefoneó momentos después del incidente para agradecerle el gesto, pero Rajoy pidió actuaciones de más largo recorrido. «Sólo se puede ser fuerte y relevante en el mundo si no se dan bandazos y se tienen claras las prioridades», adujo.
Rajoy instó al Gobierno a alejarse de debates «estériles» como la Alianza de Civilizaciones y a «defender las democracias y los derechos humanos», con actuaciones como «el apoyo a los disidentes de las dictaduras y la defensa de los intereses de las empresas españolas que crean riqueza». «Sólo un socio fiable puede exigir lealtad a los demás», apostilló.
Tras alabar el gesto de «firmeza y coraje» mostrado por el Monarca cuando optó por abandonar la reunión en respuesta a las ofensas recibidas, advirtió que «la proyección de España es muy importante y fundamental para nuestra seguridad».
Por su parte, el coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares , calificó de «error» el comportamiento del Rey al ausentarse de la Cumbre Iberoamericana y aseguró que «la reacción a una denuncia no puede ser nunca la interrupción o salirse de una reunión, el desplante».





