
LOS PARTICIPANTES
LOS PARTICIPANTES
No es la primera vez que el Central recurre a la terapia celular. De hecho, el pasado mayo practicó con éxito el primer implante de células madre para reparar el corazón infartado de un paciente de 60 años. Desde entonces, cuatro enfermos se han sometido a esta técnica, cuyos resultados se conocerán en breve.
En el caso de las embolias, el método empleado es muy similar al utilizado con los coronarios. Se extraen células de la médula ósea del enfermo (una muestra de entre 40 y 50 centímetros cúbicos) para luego transfundirlas en la zona del cerebro que haya quedado dañada.
El material de la médula ósea se extrae mediante una punción a la altura de la zona de la cadera (donde la cresta ilíaca). Posteriormente, es procesado en el laboratorio de Terapia Celular del hospital. A través de un sesudo proceso que se prolonga durante tres horas, se separan las células mononucleares (entre 100 y 150 millones) del resto. Esta muestra, cuyo 3% corresponde a las llamadas células madre, se deposita, a través de un catéter, en la arteria cerebral lesionada.
Los neurólogos confían en que la infusión de células madre del propio enfermo, que se realiza entre cinco o nueve días después del infarto cerebral, contribuya a recuperar parte del área afectada por el ictus. Fuentes del proyecto precisaron que no se trata de regenerar toda la zona dañada por el trombo, sino aquella que los neurólogos denominan «zona de penumbra».
El protocolo de este ensayo clínico fue elaborado por el Servicio de Neurología del Hospital Virgen del Rocío, de Sevilla, que también proyecta iniciar tratamientos similares a los que pondrá en marcha la Unidad de Trasplantes y Terapia Celular del Central.
Recuperar zonas sin vida
Con este método pionero, el HUCA se suma a una nueva línea de investigación que intenta determinar si las células madre adultas son capaces de regenerar zonas del cerebro que quedaron 'sin vida' tras el infarto. Las nuevas teorías invitan a pensar que el material celular extraído de la médula ósea podría reconvertirse, una vez depositado en la arteria cerebral obstruida, en células 'sanas' y devolver así la función perdida.
Los ictus ocurren cuando un vaso sanguíneo que lleva sangre al cerebro se rompe o es taponado por un coágulo u otra partícula. Debido a esta ruptura o bloqueo, parte del cerebro no consigue el flujo de sangre que necesita. La consecuencia es que las células nerviosas del área del cerebro afectada no reciben oxígeno, por lo que no pueden funcionar y mueren transcurridos unos minutos.
En Asturias se registran 1.500 infartos cerebrales al año. De estos, unos 400 son de carácter isquémico, sobre los que se centrará el ensayo clínico del Central. De momento las condiciones para entrar en el estudio son muy estrictas, como suele ocurrir en este tipo de investigaciones.
Lesiones invalidantes
Los neurólogos esperan que la inyección de células madre en la zona lesionada permita una mejor recuperación del paciente. Como se sabe, los ictus suelen provocar lesiones altamente invalidantes. Desde la pérdida del habla, hasta la paralización de parte del cuerpo. El tratamiento no curará la lesión, pero sí contribuirá a «una mayor recuperación funcional».
El ensayo clínico se llevará a cabo con 20 pacientes y se prolongará un año. El tratamiento, que se prevé iniciar a final de mes, no exige de una gran cirugía. Tampoco de hospitalización adicional a la ya recomendada para los infartos cerebrales. En el proyecto interviene un equipo multidisciplinar del hospital, liderado por la Unidad de Trasplantes y Terapia Celular del HUCA.





