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AL AIRE
Versear
13.11.07 -

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EN el vasto repertorio de Monchu el Liras en su faceta de rapsoda figuran unos versos que también suele recitar para sus adentros a guisa de consuelo:

«He visto crecer flores en pedregales / y cosas amables hechas por hombres horribles, / y la copa de oro ganada por el peor caballo de la carrera. / Por eso confío también».

Y el hombre confía en que un siglo de éstos la posteridad reconozca la bondad de al menos una parte de su quehacer lírico. No como acontece con la contemporaneidad y, más concretamente, con los críticos y antólogos que incluyeron algunos de sus versos en la obra titulada 'Las 5.000 peores poesías de la lengua española', donde tienen el dudoso honor de compartir protagonismo con coplas de este jaez:

«La vaca es un animal / todo cubierto de pelo, / con cuatro patas muy largas / que le llegan hasta el suelo».

En la antología están, por ejemplo, estos versos extraídos de su obra 'Remar rimando':

«Decía un amigo mío / que el amor es como un río, / mas no cristalino y puro / cual el corazón de Arturo, / sino turbio y con muiles: / ¿El amor es como el Piles!».

O estos otros:

«Hay numerosos poetas / del montón, de entre los parias / que suelen andar maltrechos, / que jamás escriben tetas / si no glándulas mamarias / y, sobre todo, 'tus pechos'. / Dijo, no sin gran razón, / un pillín de armas tomar, / que es preferible un pezón / a cualquier pez de la mar. / Lo mismo piensa otro tuno, / rey del piélago: Neptuno».

Aunque sea en un plano prosístico, nuestro hombre halla cierto alivio en saber que hasta el eximio Jovellanos escribió un bodrio del calibre de una tragedia en cinco actos titulada 'La muerte de Munuza'. Obra en la que el ilustrado justifica el tiranicidio en aras de despertar sentimientos pa-trióticos. Claro que no alcanza ni de lejos las cotas de estulticia de unos versos ajenos que Monchu repudia recitar y que serían totalmente suscribibles por tanto patriotero de opereta como circula por ahí:

«A través de los años y las centurias, / otra vez nos proteja tu dulce rayo: / aún somos los bisnietos del Cid de Asturias, / la pequeña progenie del gran Pelayo. / ¿Virgen de Covadonga nunca nos niegues / tu amparo luminoso, tu auxilio santo! / ¿Guarda al alma de España tú entre los pliegues / y las flores que adornan tu regio manto!».

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