Se conmemoró oficialmente el domingo el tercer aniversario de la muerte del fundador de Al-Fatah y padre del movimiento palestino de liberación y su expresión, la OLP.
Pero tras las ceremonias oficiales en Ramala, sede del Gobierno palestino oficial bajo control de los arafatianos (con nuevo mausoleo incluido y la renovada promesa de que, llegado el día, el cuerpo del fundador será enterrado en Jerusalén) el partido organizó con habilidad una gran manifestación de recuerdo en Gaza.
Como contaba la acreditada corresponsal de al-Jazira en la banda, Nur Odeth, es verdad que prácticamente todos los simpatizantes de Al-Fatah estaban allí, pero lo cierto es que fueron unos cien mil, o más de creer a los organizadores, y que su demostración fue el mayor desafío al Gobierno islamista hasta hoy y un éxito para recordar a la opinión que, más allá de la neta superioridad del Hamás en el territorio, hay en Gaza una insoslayable opinión más liberal y presumiblemente más cercana al presidente Abbas.
Lo sucedido es muy relevante en términos políticos por dos razones.
La primera, porque se produce casi en vísperas de la Conferencia de Annapolis a la que Abbas acudirá la próxima semana en una posición de relativa debilidad porque, como se recuerda siempre, Hamás le ganó limpiamente las elecciones legislativas el año pasado. Y la segunda es que hace imperativo un arreglo entre las dos grandes partes del movimiento palestino.
En ese sentido es seguro que el antiguo primer ministro, el islamista realista Ismail Haniyeh, sincero partidario del reencuentro, está algo más que decepcionado.





