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Teorías científicas
13.11.07 -

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LA insistencia se vuelve argumento político de primer orden. Algunos sabios en materia orogénica saben que el dinamismo geológico, aunque resulte inapreciable, no cesa.

El Everest no permanece inmóvil y los cambios climáticos alteran, fruto del deshielo, su altitud oficial. Aznar, docto en tectónica de placas, sigue empeñado en mostrar que las montañas no están tan lejos y el desierto se aproxima más de lo que parece. I

Ignoramos qué opina al respecto el primo de Rajoy, ducho en materia física, pero acaso ignorante en dinámica terrestre.

La verdad es que la ciencia siempre avanzó a golpe de sorprendentes hipótesis y con Aznar asistimos al nacimiento de un nuevo Galileo capaz de cuestionar la precisión del concepto lejanía, el relieve se desplaza a velocidad de crucero y el desierto cabalga hacia nosotros fruto del calentamiento global y, sobre todo, del interés de alguno por azuzar y atizar la elevación térmica.

Hubo épocas en que una afirmación exigía validarse experimentalmente, hoy, en un mundo virtual, mundo al revés y enrevesado, se muestra que toda afirmación enunciada con rictus solemne y patilla de gafa en boca, más allá de su carácter peregrino, resulta tan plausible como la opuesta.

Mientras no se demuestre su falsedad, cualquier aberración hipotética para el sentido común, seguirá teniendo plena vigencia. Es tan lógico afirmar que la lluvia moja como que Caperucita acosó a un pobre lobo que recogía flores campestres; goza de igual entidad la ley de gravitación universal que considerar mamíferos a los pájaros si bien lo ocultan por timidez. Esta naciente filosofía de la ciencia sí merecería averiguar quién es el padre de su autoría intelectual.

Una pena que la imaginación fantástica y la calentura mental abandonen su lugar natural para hacerse argumento político. Lástima que Aznar gaste tan poca energía en favor del ingenio infantil y la dilapide en actividad tan prosaica como la política.

Sería maravilloso que exprimiera su creatividad escribiendo cuentos infantiles o, mejor, teorías científicas y contribuyera a su divulgación en un país necesitado de investigadores en materia climática o geológica, evitando que gente como Al Gore diga tonterías y obligue a don Mariano, aventajado discípulo de su primo, a corregirle.

España no es lo que era, del que inventen ellos al inventando somos únicos. Y es que la realidad en ocasiones se muestra terca, obstinada, empeñada en contradecir verdades evidentes captadas por mentes privilegiadas.

En fin, demasiada montaña en un país que, aunque parezca plano por su extensa meseta, está siempre en cuesta y alardea de relieve abrupto, y demasiada aridez para lo que lleva lloviendo durante tantos meses.

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