Ante tamaños dislates, el secretario general del PP ha pedido al Gobierno que llame a consultas al embajador español en Caracas. No creo que los dirigentes del PP piensen que esa medida favorece los intereses españoles. Es un gesto un tanto retórico, muy propio de un sentido calderoniano del honor, pero que resta fuerza al papel que juega España en Iberoamérica. En un mundo globalizado, la gran baza española dentro la política exterior europea es la interlocución privilegiada con los países hispanohablantes. Sería una irresponsabilidad olvidarse de este estatus, que sólo iría en detrimento de los intereses nacionales y de las empresas españolas.
La política exterior no debe ser un motivo de confrontación entre los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP, y mucho menos cuando desde fuera se critica el proceder del jefe del Estado. La política exterior hay que sacarla de la pugna electoral, porque los gobiernos pasan pero los intereses nacionales permanecen. En Iberoamérica hay que hilar muy fino para no caer en la provocación de los caudillos de izquierda y ser muy firme, a la vez, en la defensa de los intereses españoles.





