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Asturias

AL GRANO
Calma ante el disparate
13.11.07 -

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LA convulsa clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana, con los caudillos de izquierda insultando al ex presidente Aznar y arremetiendo contra las empresas españolas que operan en sus países, ha tenido continuación en las disparatadas declaraciones de Hugo Chávez, dando a entender que el Rey de España estaba al tanto del fallido golpe de Estado habido hace cinco años en Venezuela. Como Chávez tiene una noción borrosa del funcionamiento de la Monarquía parlamentaria, relaciona el supuesto conocimiento de aquel golpe por parte del embajador español con la complicidad del Rey con los golpistas. Con el atrevimiento que da la ignorancia, el autócrata venezolano ha proclamado que el Rey dirige la política exterior española. No deja de tener su lógica la deducción de Chávez, ya que es incapaz de concebir un jefe de Estado que no mande en el Gobierno, redacte leyes y controle los tribunales. Un autócrata tiende a pensar que la democracia es un mero ceremonial sin contenido real y que el poder es ilimitado, por definición, cambiando la Constitución para ello, si es preciso.

Ante tamaños dislates, el secretario general del PP ha pedido al Gobierno que llame a consultas al embajador español en Caracas. No creo que los dirigentes del PP piensen que esa medida favorece los intereses españoles. Es un gesto un tanto retórico, muy propio de un sentido calderoniano del honor, pero que resta fuerza al papel que juega España en Iberoamérica. En un mundo globalizado, la gran baza española dentro la política exterior europea es la interlocución privilegiada con los países hispanohablantes. Sería una irresponsabilidad olvidarse de este estatus, que sólo iría en detrimento de los intereses nacionales y de las empresas españolas.

La política exterior no debe ser un motivo de confrontación entre los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP, y mucho menos cuando desde fuera se critica el proceder del jefe del Estado. La política exterior hay que sacarla de la pugna electoral, porque los gobiernos pasan pero los intereses nacionales permanecen. En Iberoamérica hay que hilar muy fino para no caer en la provocación de los caudillos de izquierda y ser muy firme, a la vez, en la defensa de los intereses españoles.

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