
Ni siquiera el empeño del presidente venezolano en implicar a don Juan Carlos en el golpe de Estado del que fue objeto en 2002 cambiará la posición gubernamental. Dos días después del encontronazo en la Cumbre Iberoamericana de Chile, Chávez insistió en sembrar dudas sobre un posible apoyo del Monarca a los golpistas. Pero el Gobierno cree que «no hay motivo» para tomar medidas drásticas y achaca la espiral de declaraciones del dirigente bolivariano a sus problemas internos más que a un verdadero deseo de sembrar discordia.
El titular del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, apuntó en esa dirección en el transcurso de una rueda de prensa en la sede su departamento. A su juicio, son las dificultades por las que atraviesa Chávez, con una oposición a su régimen cada día más sólida, lo que le lleva a seguir adelante con «ese juego». El ministro insistió en que España desea mantener con Venezuela una relación de amistad, pero advirtió de que para lograrlo hace falta respeto hacia el jefe del Estado, hacia el jefe del Ejecutivo y hacia los ex presidentes del Gobierno.
En todo caso, el Gobierno defiende que hay que actuar con discreción, con la «diplomacia callada que tan bien nos funcionó para resolver el conflicto del Chad», subrayan fuentes de La Moncloa. En este afán de no hacer ruido, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, suspendió su participación en un acto previsto en un hotel madrileño a media tarde y al que acudió toda la prensa. La secretaria de Estado para Iberoamérica, Trinidad Jiménez, sí recorrió varios medios de comunicación en los que pidió un «margen de tiempo» para reconducir la situación y llamó al PP a hacer un «ejercicio de contención y responsabilidad».
Al Parlamento
El comité de dirección del PP defiende que los «insultos» al jefe del Estado español «han sobrepasado los límites de lo tolerable y exigen una respuesta firme». El partido opositor reclamará además la presencia en el Parlamento de Moratinos para que informe de los acontecimientos que rodearon la cumbre iberoamericana celebrada este fin de semana en Santiago de Chile.
El PP cree que el ministro «tiene que explicar muchas cosas» sobre la política exterior del Gobierno que, según el secretario general de la formación, Ángel Acebes, incurrió en «el compadreo» con quienes «insultan al Rey» y convirtieron la cumbre «en un circo antiespañol». Moratinos comparecerá hoy ante la Comisión de Asuntos Iberoamericanos del Senado para informar del desarrollo de la cumbre, una cita prevista antes de la reunión de Santiago de Chile.
El 'número dos' del PP explicó que su grupo parlamentario reclama que el debate se celebre en el pleno del Congreso, aunque lo más probable es que la comparecencia del ministro tenga lugar en comisión. Los socialistas no se oponen, en principio, a la comparecencia, pero acusan a los populares de utilizar el incidente de forma partidista y subrayan que Rodríguez Zapatero no ha sido más amigo de Chávez de lo que en su día fue el propio Aznar, que celebró con él catorce encuentros y en uno de ellos llegó a decir que «España no puede dar lecciones de democracia a nadie».
El portavoz socialista en el Congreso, Diego López Garrido, llamó además la atención sobre el hecho de que el ex presidente del Gobierno llamara por primera vez en toda la legislatura a Rodríguez Zapatero para agradecerle su actuación en la cumbre, mientras Rajoy y otros dirigentes del PP reclaman «cosas disparatadas». Acebes defendió que ambos comportamientos son compatibles. En su opinión, Aznar actuó «a título personal» y Rajoy lo hizo en nombre de su partido para fijar la línea de oposición a la política exterior del Gobierno.






