
SOLICITUD DE CONDENAS
SOLICITUD DE CONDENAS
«Sí, lo reconozco y pido perdón». Fue la frase única y común pronunciada por los siete hombres y la mujer que se sentaron en el banquillo de los acusados como presuntos integrantes de una red de tráfico de estupefacientes dedicada a traer droga desde Galicia y venderla posteriormente en locales de ocio de Gijón. Las investigaciones se desarrollaron en 2005 y fructificaron con el decomiso de un kilo de hachís y otro de cocaína. El punto de partida del esclarecimiento de la trama fue la interceptación de un vehículo en Soto del Barco procedente de Pontevedra y en el que se escondían un alijo de sustancias estupefacientes. A partir de ahí, se comprobó que los supuestos cabecillas -Alfredo F. B. (propietario de un quiosco en la Acerona) y Ángel C. Q. (gerente de un bar en La Arena)- suministraban la droga a camellos y éstos la vendían pequeñas dosis a clientes.
Facultades mermadas
Pero si llamativo resultó el reconocimiento de los hechos por parte de los encausados, más comentarios suscitó el estado de salud del máximo inculpado, Alfredo F. B., para quien el Ministerio Fiscal rebajó la solicitud de pena de prisión de 10 a 9 años. El hombre llegó a la sala de vistas con gafas oscuras de sol y con un bastón guía de invidentes.
No cruzó palabra con el resto de acusados y pareció estar ajeno a todo lo que estaba sucediendo a su alrededor. Incluso el magistrado de la sala, Bernardo Donapetry, se vio obligado a reclamar su presencia en varias ocasiones para que saliese al estrado a declarar. «No es el mismo Alfredo de siempre», se oyó comentar. El hombre que hasta hace dos años gozaba de buena salud y una intensa vida social se ha convertido en una persona que necesita ayuda incluso para sentarse en una silla.
Ayer, tras declararse culpable , pidió «perdón a todos mis amigos». Y es que desde que fuese detenido a principios de 2005, apenas ha salido de casa y ha dejado de recibir el saludo y el apoyo de los que hasta entonces formaban parte de su círculo de amistades, apuntan fuentes allegadas al inculpado.
El fiscal antidroga de Asturias, José Perals, modificó las conclusiones inicialmente presentadas y rebajó la solicitud de condena para todos los acusados por el reconocimiento de los hechos. Así, las penas oscilan entre los nueve años de Alfredo F. B. y los tres de R. M. B. Para este último y para el otro presunto cabecilla de la red, Ángel C. Q., el representante del Ministerio Fiscal aplicó el atenuante de adicción y de la alteración de las facultades psíquicas. En todos los casos, excepto en el de Alfredo F. B., los imputados manifestaron ser consumidores habituales de droga y estar en tratamiento de desintoxicación.





