
Con el único acompañamiento de un culín de sidra, los cuatro homenajeados repasaron ayer aquellos tiempos en los que jugaban «por diversión». «Éramos amigos y lo pasábamos bien. De hecho, aún seguimos juntándonos algún sábado, como antaño», relataba Jaime Hevia con la mirada perdida, seguramente recordando sus tiempos de futbolista. Y aunque el tiempo ha pasado, la ilusión sigue siendo la misma. Comenzaron a jugar con poco más de veinte años. Algunos menos, como Delfín Suárez, Finín, quien resaltaba que «era el más joven de todos, pero disfrutaba mucho».
Más de cincuenta años después, es difícil reunir el equipo inicial de la primera temporada. «Según pasaba el tiempo, algunos de los componentes se fueron distanciando. Muchos eran estudiantes y se trasladaron de ciudad, con lo que no sabemos cómo localizarlos. Otros, en cambio, ya fallecieron, como Gregorio García, José Luis Aza o Cheno», cuenta Paquín.
Eterno rival
Entre tanto compañerismo, también hubo tiempo para las trifulcas, aunque fuese con los equipos contrarios. Víctor Juan García, el Negro, explica: «Sólo nos llevábamos mal con los futbolistas del Santiago de Aller, pero con el resto siempre hubo muy buena relación». Ese compañerismo fue visible desde el primer partido. «Fue en Mieres y jugamos contra el San Juan, a los que ganamos por tres goles a uno. Nunca olvidaré esa sensación de triunfo que hoy perdura», manifiesta Paquín, quien recuerda también con una sonrisa de oreja a oreja los viajes. «Teníamos el mejor autobús de todos los equipos de Asturias. Era de una empresa de Campomanes, que lo acababa de adquirir y llamaba muchísimo la atención, sobre todo cuando llegábamos a los partidos, porque parecíamos un equipo de primera».
De primera, sí, pero regional. Un triunfo que consiguieron tan sólo un año después de salir a la luz. Todo ese esfuerzo tendrá recompensa mañana en el teatro Vital Aza, donde la asociación Castaño de Lena les entregará su galardón. Los cuatro homenajeados manifestaron sentirse «muy orgullosos» por esta distinción.





