
En ella aparecen cuevas totalmente desconocidas para el público en general como Mazaculos, Coímbre, Traúno o Los Canes. Pero también un amplio estudio sobre las dos grandes estaciones del paleolítico asturiano (Tito Bustillo y Llonín), aquella otra que se sitúa en un segundo escalafón (El Pindal), la que presenta un excepcional estado de conservación (Covaciella) y la que, por motivos diversos, ha sido objeto de una degradación irreversible (El Buxu).
En la comarca no se registran abrigos exteriores importantes. Los existentes son «limitados y simples», según Sergio Ríos. Pero unos y otros aparecen debidamente documentados y fotografiados en una obra científica y pedagógica que, además, se convertirá en guía imprescindible para el llamado Paraíso Rupestre del Oriente de Asturias. Cuando el museo de Tito Bustillo -cabecera de este paraíso- esté concluido, contará con un coordinador que velará por el correcto funcionamiento de cada uno de los enclaves diseñados para cada municipio de la comarca. «Habrá que nombrar un coordinador general con el fin de buscar la excelencia porque estos yacimientos son excelentes», añadió el Director General de Patrimonio Cultural, José Adolfo Rodríguez Asensio.
El año que viene se cumple el cuarenta aniversario del descubrimiento de Tito Bustillo, pero además, se conmemora el primer centenario del descubrimiento de la cueva de El Pindal, un acontecimiento que la Consejería de Cultura espera rememorar a lo grande. El arte rupestre asturiano pasa a ser un arte centenario en su conocimiento, pero a su vez un gran desconocido para el público en general. Por ese motivo, pronto se estrenarán los primeros centros de interpretación y aulas de divulgación para que todos los asturianos y quienes nos visiten puedan conocer de primera mano la forma de vida de nuestros antepasados, los hombres que habitaron estas cuevas hace 24.000 años.





