«Si alguien me dice que los intereses de la ciudadanía están muy por encima de los del partido, y que los de éste prevalecen a su vez sobre los personales, a ese alguien le auguro sin margen de duda ni error que jamás ostentará cargo político alguno y que la más alta cota que alcanzará en el proceloso mundo de la política será la de militante de base».
Su maestra Sibila, la bruja del Natahoyo, dio recientemente una vuelta de tuerca al afirmar:
«Cuando un político de la oposición manifiesta con gesto serio lo mucho que le preocupa el cambio climático, y añade en idéntica tesitura su absoluta e inquebrantable preferencia porque no existiera incluso cambio de Gobierno si ello significara que se detendría el progresivo deterioro medioambiental, es fácil vaticinar que miente como un bellaco».
A la hora de calibrar el índice de aciertos en predicciones relacionadas con el mundo político, la del Natahoyo suele matizar:
«Deben tenerse siempre en consideración las condiciones negativas en las que suelen originarse tales vaticinios, dado que los propios interesados en conocer su futuro no acostumbran a facilitarnos a las adivinas los datos correctos para tal menester, acostumbrados como están a no decir la verdad. Además, los astros difícilmente pueden ejercer influencia sobre acontecimientos condicionados sobremanera por maniobras en la oscuridad, pactos espurios, traiciones sin cuento... En circunstancias tales, está claro que las predicciones tienen el mismo valor que la mayor parte de las promesas electorales o que regalar un móvil al busto de Evaristo San Miguel».
Quien está encantado de tener políticos entre su clientela es el apodado Nostramemus:
«Jamás me equivoco porque les digo siempre lo que quieren oír, o sea, que ganarán. Si no fuera así, no se quejan porque jamás admiten la derrota, a no ser en casos como, por ejemplo, los de Xuan Xosé y Marqués, quienes, no obstante, seguro que echaron las culpas al desconocimiento de su programa electoral por parte de los votantes».





