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Joyas del asfalto de Pensilvania a Asturias
Aficionados a los coches clásicos viajan cada año a EE UU para comprar 'reliquias' a buen precio que luego restauran
19.11.07 -

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Joyas del asfalto de Pensilvania a Asturias
ALFA ROMEO. Monchu García y su hijo Pablo, junto al coche que están reparando. / J. BILBAO
Su afición va tan allá que hasta se deciden a cruzar el 'charco' y viajar cada año a los Estados Unidos para asistir a la mayor feria de coches clásicos del mundo, en Hersey (Pensilvania). Y, por supuesto, con la firme intención de volver con alguna de las verdaderas joyas del motor que allí pueden encontrarse. En esta iniciativa que anualmente organiza la Asociación Ovetense del Motor Clásico, partieron este año 57 españoles, una veintena de ellos asturianos. Y, entre ellos, el gijonés Jonathan Solís Fernández. En 2006 ya se había surtido con un Ford Mustang del 66. Fue el primer coche clásico que se compró, pero su afición le viene «de más atrás».

«Tengo una Vespa de 1967 que restauré», explica este joven gijonés quien, a partir de su moto, se embarcó en la aventura de los vehículos clásicos. Conoció a Fernando de la Hoz, el presidente de la asociación ovetense, y se animó a acompañarle al certamen de Hersey. «Venden barato», reconoce. Eso sí, algunos de los vehículos que compran allí necesitan de algunos retoques e incluso, en algunos casos, de grandes restauraciones. Jonathan explica que a su Mustang tuvo que hacerle «un poco de restauración». «Y le sigo haciendo cosas», añade.

Al viaje de este año a Estados Unidos fue como uno de los traductores que facilitó la comunicación entre los vendedores y los compradores españoles. También aprovechó para hacer su propia compra, un Chevrolet Camaro SS de 1969, que le llegará en diciembre o enero.

«Un gran sacrificio»

Además de por su afición a este tipo de coches, Jonathan destaca la camaradería que se forma entre los aficionados. «La gente está muy unida y hay una generosidad muy grande. Aunque hay gente con mucho dinero, todos somos iguales», resalta. Para él, esta afición «supone un sacrificio grande». Requiere de una gran inversión y por eso, señala, «te lo piensas mucho antes de comprar, pero si te gusta de verdad te tiras a la piscina porque es un sueño alcanzable».

Hay quien mantiene estos coches como si de un trofeo se tratara. Jonathan prefiere darle algo de uso. Además de acudir a ferias y concentraciones de clásicos también lo utiliza para hacer pequeños viajes con su novia Noelia.

Su intención es la de volver a próximos viajes a Hersey, aunque no tanto para comprar otro coche, puesto que para ello «hay que tener espacio para meterlo». Eso sí, le gusta todo el ambiente que se forma en torno a esta afición compartida cada día por más gijoneses y asturianos.

«Una buena colección»

Quien no se ha animado a viajar a Hersey es otro gijonés también aficionado a los históricos, Ramón García, más conocido como Monchu. Ya es poseedor de seis de estos históricos del asfalto y no va «porque ya tengo una buena colección y si fuera no volvería con las manos en el bolsillo», señala. Tiene dos '11 Ligeros' de 1952 y 1953, que compró en Francia; un MGB de 1976 que trajo de Florida; un Seat 600, de 1977, que compraron en Gijón; un Mercedes de 1967 descapotable, que vino desde Nueva York y un Alfa Romeo de 1972, que compraron en Soria. Una variedad de orígenes. Todo está en saber buscar.

Su afición le viene «de toda la vida», aunque no empezó a tomárselo en serio hasta «hace algo más de diez años». Su hijo, Pablo, de 26 años, comparte con él este amor al motor y sobre todo a los coches clásicos.

La mayoría de los retoques que tienen que hacerles a los coches que compran los hacen ellos, mano a mano, en la nave de la empresa de pintura de su padre en el polígono de Roces. Lo hacen en sus ratos libres. Eso sí, «horas, echamos un montón», explican.

Para comprar sus coches se informan a través de internet, sobre todo. Así fue como consiguieron su última adquisición, el Alfa Romeo que están restaurando pieza a pieza. Lo compraron por mil euros a una vecina de Soria y a día de hoy el coche ya «vale millones». Pablo suele participar en rallys de regularidad de clásicos y con este objetivo pensaron en el Alfa Romeo, pero las muchas horas de trabajo dedicadas a él y la cantidad de dinero invertido han hecho que este joven ya no tenga tan claro este destino para su coche, sino más bien al contrario, se ha convertido prácticamente en su gran obra de arte.

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