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«Salimos de Ecuador sin papeles y con miedo»
Andrés Collaguazo y Marta Casa llegaron hace 7 años, dejando en su país a un hijo al que esperan poder traer

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«Salimos de Ecuador sin papeles y con miedo»
EN FAMILIA. Andrés Collaguazo y Marta Casa posan en el paseo de San Lorenzo con su hijo pequeño, Manuel Alejandro. / J. BILBAO
Siete años atrás, en Ecuador, Andrés Collaguazo y Marta Casa trabajaban como camarero él y en un supermercado ella. Pero las condiciones de vida eran muy difíciles y decidieron partir en busca de una vida mejor. Ahora, forman parte de la estadística que cifra en 276.926 los inmigrantes residentes en Gijón. Ellos tuvieron que dejar atrás a su hijo Stalin Ricardo, que ahora tiene diez años; algo que ambos reconocen que «fue muy duro», aunque prefieren no recordar. Su primer hijo sigue viviendo en Ecuador junto a sus abuelos, pero sus padres confían en poder traerlo. Eso sí, siempre que él esté dispuesto y que el papeleo lo permita. Lamentan que las cosas no son «nada fáciles» para que el mayor de sus hijos vuelva a vivir con ellos, debido a las trabas burocráticas en su país de origen. Eso, por no hablar del riesgo de llevar el papeleo con tramitadores. «A algunos les pagas y desaparecen con el dinero», explican. Además, el pequeño se ha criado en Ecuador y ya está acostumbrado.

Cuando ellos salieron de allí, las cosas no eran tan complejas. «Se han ido complicando con el tiempo», comentan. Creen que porque en su día fueron muchos los que decidieron salir de allí hacia España y ahora está más controlado.

En su caso, decidieron emigrar hacia Asturias, donde ya tenían un amigo. Tomaron un vuelo hasta Madrid, que les llevó 10 horas, y desde allí salieron rumbo al que se convertiría su nuevo hogar: Gijón. «Vienes a la aventura, sin saber lo que va a pasar», recuerda Marta. «Fue muy duro, salimos de Ecuador sin papeles y con miedo», explica. Y es que, en su país corrían rumores de «que al llegar a España te deportan». Sin embargo, llegaron a Asturias y «respiramos tranquilos». Las cosas eran muy distintas de lo que creían y los miedos de viajar a un lugar tan lejano, donde sólo conocían a una persona, se fueron disipando.

Cuando llegaron, trabajaron durante casi un año como internos en un chalé. Después, alquilaron una habitación en un piso de unos compatriotas, hasta que han podido trasladarse a un piso en el barrio de La Arena. Desde hace casi seis años, trabajan en la sidrería El Globo, ella en la cocina y él es camarero. Eso sí, cuando tienen unas vacaciones aprovechan para visitar a su niño.

Se muestran contentos y aseguran que nunca tuvieron problemas de integración, aunque sí confiesan algunas dificultades iniciales a la hora de acostumbrarse a la comida y el clima. En Gijón nació su segundo hijo, Manuel Alejandro, que ya tiene tres años.

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