En 1958, Mateo llegó a Gijón para trabajar como organista y profesor de música en la Universidad Laboral. Inicialmente, no fue un feliz destino. La lluvia, la soledad, la neblina, le pesaron durante unos meses en los que escribió un triste bolero que tituló 'Desolación'. Los grandes amores, empiezan por un pequeño traspiés, y al poco tiempo, Mateo Bullón se había impregnado del paisaje, la luz delicada y el amor a esta tierra nuestra que muy pronto fue suya.
Es bien conocida su trayectoria como director coral al frente, entre otras, de agrupaciones como el Coro Asturiano Gijón- La Calzada, la Coral Santa Bárbara, de Vega, los Cuatro de Asturias, el Ars Senatorum, su última aventura, y muy especialmente, la Coral de Granda, en donde realizo durante veinticuatro años una excelente labor musical. Tal vez fue menos notorio, y, sin embargo, más importante, su trabajo como compositor. En su catálogo, música religiosa, entre la que sobresalen, además de varios motetes, la 'Misa Comunitaria' o la 'Misa sobre temas asturianos'; varios himnos a entidades gijonesas, como el Club Santa Olaya, y, de una manera muy significativa, música coral, con la que siguiendo la estela de Sergio Domingo, enriqueció la polifonía asturiana. Piezas corales como 'La quintana está triste', 'A Granda' o 'Voy cantando siempre a Asturias' son algunas de esas obras que acabarán siendo patrimonio popular, y que dejarán el recuerdo de un músico que canto a Asturias con amor y emoción.





