
Mateo Bullón llegó a Gijón en 1958, como organista de la Universidad Laboral, donde se acababa de adquirir un nuevo instrumento. Allí, incluso vivió durante su etapa de soltero. Impartió clases y llegó a dirigir su coro. La música protagonizó toda su vida. Nació en Salamanca, donde estudió Magisterio, y siempre fue muy solicitado como organista, aunque también tocaba el acordeón. Ya en Gijón, dirigió el Orfeón Juvenil, el trío y el cuartero universitario de la Universidad Laboral, también la coral de Santa Bárbara de Vega, el Coro Asturiano de La Calzada, la Coral de Granda, el coro del Centro Gallego de Gijón, el Ars Senatorum, el Ochote El Arbeyal, además de numerosos coros religiosos, parroquiales e infantiles. En su haber se encuentran también múltiples composiciones y arreglos para obras corales, ligeras, religiosas e himnos.
«Muy dispuesto»
Quienes le conocieron, como el presidente de la asociación de antiguos alumnos de la Universidad Laboral, César Menéndez, «era muy humilde, nunca presumió de nada y era muy dispuesto cuando se le requería». Además, para quienes estuvieron bajo su dirección en los últimos años, éste ha sido «un palo muy grande para todo el Gijón musical» porque él, dicen, «se sentía muy gijonés y asturiano».Tuvo muchas actuaciones, algunas de ellas muy significativas. Grabó al órgano música sacra para RNE, interpretó 'Las Siete Palabras', de Haydn con la Polifónica Gijonesa e intervino, ya con el coro de La Calzada en numeroso festivales de España y en Llangollen (Gales), donde logró el tercer premio de un concurso internacional.
En su currículum, numerosos logros, motivados por su gran vitalidad. En el coro Ars Senatorum recuerdan que un día antes de ingresar en el hospital, en el ensayo, «estaba malísimo, pero siguió con su impresionante vocación».
La vitalidad de Bullón, al que sus alumnos llamaban 'maestro', hizo que su muerte fuera recibida con sorpresa entre quienes le conocían. «Era un enamorado de la música y de la dirección», apuntan en el coro Ars Senatorum, donde aseguran que «con cuatro batutazos ya estaba dirigiendo una canción a cuatro voces, hacía cantar a las piedras y tenía una sensibilidad musical importante». Por ello, consideran que «deja una huella imborrable». De él destacan, además, «su facilidad para la enseñanza musical». Enseñó a cantar a cientos de gijoneses y era un personaje muy querido.
El funeral tendrá lugar hoy en la iglesia parroquial de La Resurrección a la una de la tarde. Y en el cementerio de Granda recibirá cristiana sepultura.





