
En la vista oral, celebrada hace dos semanas, todos los imputados reconocieron haber participado en la venta de sustancias estupefacientes. Todos ellos acataron las penas solicitadas por el fiscal, excepto Juan Alfredo F. B., cuyo abogado pedía una pena de prisión de cinco años, cuatro menos que la condena firme. Deberá abonar, además, una multa de 96.000 euros. El abogado de la defensa estudia recurrir la pena para su cliente.
El magistrado de la sala ha interpuesto una condena de cinco años de cárcel a otros cuatro procesados: José Manuel G. A., Ángel Manuel C. Q., Adán D. L. y Félix Z. P. El primero de ellos deberá pagar una multa de 82.000 euros; el segundo, 41.000, y el último, cien euros.
Por su parte, Pilar S. B. fue condenada a cuatro años y seis meses de prisión; y los otros dos imputados -Alfredo G. L. y Ramón M. B.- a tres años de cárcel cada uno.
Locales de ocio
Según recoge la sentencia, durante 2004 y principios de 2005 uno de los acusados, Ángel Manuel C.Q., vendió cocaína en el bar que regentaba en la calle del Marqués de Urquijo, en La Arena. Le ayudaban otros tres condenados. En los hechos delictivos participaba también la compañera sentimental del gerente del local, tanto en la venta como en la entrega del dinero al suministrador de la droga.
A Juan Alfredo F. B. se le culpa de adquirir las sustancias estupefacientes en Pontevedra. Fue en uno de esos viajes cuando las fuerzas del orden interceptaron un vehículo en el que los delincuentes ocultaban casi un kilo de cocaína y otro de hachís. A partir de ese punto, tras proceder a registrar varios pisos y locales, se detuvo a los otros siete condenados. La investigación se desarrolló en abril de 2005.
En la vivienda de Alfredo F. B. se incautaron siete envoltorios, conteniendo en total 152,57 gramos de cocaína -valorada en 13.484 euros-, un envoltorio con 1,16 gramos de cocaína -valorada en 97 euros-, dos balanzas digitales, y bolsas de plástico y recortes para la elaboración de dosis individuales de droga.
Siete de las personas que se sentaron en el banquillo de los acusados, excepto el dueño del quiosco, manifestaron que eran consumidores habituales de cocaína y otras sustancias.





