
El documento ministerial se mostraba especialmente preocupado por paliar los efectos que la ampliación portuaria pudiera tener en el perfil de la playa de San Lorenzo, con cambios en su configuración de arena. Por ello, la declaración de impacto hablaba de crear una superficie de playa de 12.850 metros cuadrados, realizando un relleno hasta una cota de cuatro metros de altura. Con los 155.000 metros cúbicos de material ya se incluía una pérdida inicial por efecto de las mareas del 20%.
Y estas importantes medidas correctoras, que ahora han sido ampliadas por la Autoridad Portuaria de Gijón, vienen dadas por el hecho de que la alternativa Este para la ampliación de El Musel, que es la que se está ejecutando, reportaría para el arenal de San Lorenzo un retroceso de entre 12 y 13 metros de playa en el extremo oriental, es decir, en la zona de El Piles, mientras que en la parte occidental la zona de playa se vería incrementada en ocho metros.
Riesgo
El documento de Medio Ambiente consideraba beneficioso, en principio, el basculamiento de arena de la zona oriental a la occidental, con el fin de conseguir una distribución más homogénea de los sedimentos, pero el riesgo de que se pudiera perder anchura para el disfrute de los ciudadanos es lo que fue determinante a la hora de acometer medidas correctoras.
Pero para llevar adelante estas medidas fue necesario elaborar un plan para la regeneración de la playa, con minuciosas mediciones del arenal tanto en pleamar con en bajamar, hasta una profundidad de 15 metros. A pesar de esa aportación de arena, la declaración de impacto ambiental añade que será necesario realizar controles permanentes de la playa de San Lorenzo hasta cinco años después de la finalización de la obra de ampliación del puerto de El Musel, con el fin de detectar posibles pérdidas de material y aplicar las medidas correctoras necesarias.
También es de gran importancia la obtención de la arena para regenerar la playa. La Autoridad Portuaria de Gijón ha decidido tomarla de un yacimiento próximo a los bajos de Las Amosucas, que cuenta con casi medio millón de metros cúbicos de arena de las mismas características granulométricas que San Lorenzo.
Parece que ese banco sedimentario sí cumple con los requisitos del documento ministerial, que establece la viabilidad de la extracción y su idoneidad. No obstante, obtener la arena precisará de un proyecto que, asimismo, habrá de ser sometido a la correspondiente declaración de impacto. ambiental
De todas formas, lo que parece cierto es que el proyecto que se está desarrollando para la ampliación de El Musel es el menos perjudicial para la playa de todos los que se habían presentado hace unos años.
Si el más perjudicial era la conocida como 3-C, en la que el espigón llegaba hasta los bajos de Las Amosucas, pues remansaba demasiado las aguas en la bahía gijonesa y prácticamente desaparecía el oleaje y la renovación de las aguas, la alternativa Este elude ese efecto.
Tres flujos marinos
El geólogo Germán Flor ya advirtió en 2003 que la playa estaría más batida, con más renovación de agua y de arena. Todo ello es debido a la importancia que para el arenal gijonés tienen los bajos de Las Amosucas, pues son fundamentales en que las corrientes que bañan la había sean como son.
En la playa, que está conformada por un fondo de saco, confluyen tres flujos marinos. Uno procede de Santa Catalina, otro, de los acantilados de la zona Este de la bahía, y el tercero es el producido por el oleaje provocado por Las Amosucas. Ese componente, unido a los distintos vientos de invierno y de verano, hacen que el arenal sea como es para disfrute de los gijoneses.





