
Para prepararse, en sus últimas comidas antes de entrar en las oseras comen hierbas y tierra que, con la ayuda de la saliva, se convierte en un bolo alimenticio que colapsa el orificio secretor. De esta forma, los alimentos que ingieren posteriormente quedan como reserva en el estómago para pasar los meses de más frío. Finalizada la hibernación, un ejemplar adulto puede llegar a perder el 40% de su peso inicial.
Pero no todos los osos hibernan. Palomero asegura que «en la Cordillera Cantábrica hay ejemplares que no lo hacen». Y es que durante todo el año aparecen indicios de actividad. Eso sí, la más baja se registra entre mediados de enero y mediados de marzo, «cuando más intensa es la hibernación». El presidente de la fundación explica que en la vertiente palentina han podido constatar que «hay osas con crías de un año que permanecen todo el invierno activas». Las buenas condiciones de la nieve en esa zona facilitaron que se pudiera rastrear y seguir las huellas para comprobarlo. Pero, ¿por qué no hibernan? La teoría de la Fundación Oso Pardo es que, «al tratarse de inviernos más benignos, la comida está más accesible y les compensa alimentarse durante el invierno, tras haber soportado un gran gasto energético con la crianza de los oseznos».
No suele ser el caso de Asturias. Aquí «la mayoría de los ejemplares de las dos poblaciones sí que hiberna», aunque lejos de las largas temporadas de inactividad de los ejemplares de la zona norte de Europa, que llegan a pasar dentro de las oseras hasta seis y siete meses. En el caso de los osos de la Cordillera Cantábrica, al tratarse de un clima más cálido, la temporada de hibernación suele rondar los dos meses. Guillermo Palomero pone como ejemplo el caso de un macho que fue seguido por radiomarcaje en la zona de León entre 1986 y 1988, que «pasó una media de 55 días al año en hibernación».
Eso sí, en el caso de las hembras que paren, la cosa cambia. La época de alumbramientos es en enero, las crías nacen pesando unos 400 gramos y «hasta abril o mayo» no salen de las oseras. En total, pasan en torno a unos cuatro meses dentro de esos refugios.
Lo que sí está constatado es que los periodos de hibernación cada vez son más cortos. ¿La razón? Que las temperaturas propias del otoño suelen retrasarse y, en cambio, las de la primavera se adelantan.
Dos opciones
Por otra parte, la Fundación Oso Pardo mantiene como objetivo prioritario «poner en contacto la población occidental, con entre 80 y 100 ejemplares, con la oriental, de entre 25 y 30». Guillermo Palomero insiste en que «sigue existiendo un problema endogámico», para cuya solución se está trabajando. El presidente de la Fundación Oso Pardo recuerda que hay dos opciones posibles. Una de ellas consiste en «coger ejemplares de una población y moverlos a la otra». Sin embargo, tras un debate sobre esta alternativa en el marco de unas jornadas, decidieron aparcarla a la espera de ver cómo evolucionan las dos poblaciones.
Mientras tanto, se trabaja en la otra de las alternativas. La de «favorecer que el corredor que las separa sea más permeable». Para ello, la fundación está desarrollando un estudio para «detectar dónde están los problemas, las barreras, dónde haría falta revegetar y qué habría que hacer para que fueran más permeables», explica Guillermo Palomero. Aunque en Asturias ya se han puesto en marcha algunas medidas en esta línea, la intención del colectivo es ahora, «elaborar un proyecto más global» para poder plantear las posibles soluciones que las administraciones deberían adoptar. Este trabajo lo están desarrollando en colaboración con las administraciones de Asturias y Castilla y León, además de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente y la Fundación Territori y Paisatge de La Caixa. La Fundación Oso Pardo prevé tener finalizada una primera parte de este estudio el próximo diciembre, aunque será la segunda, «la más intensa», la que permitirá extraer conclusiones. Ésta se desarrollará en 2008.
Acercamiento
Sobre el acercamiento de ejemplares a las zonas urbanas, Palomero recordó que este verano «se pudo ver un oso joven en los alrededores de la autovía». No obstante, es algo que se da «esporádicamente» en el corredor entre ambas poblaciones y la intención es que se incremente la comunicación entre las dos. Algo que en los últimos quince años se ha visto en dos ocasiones.
Palomero explica que en 1992 se constató que un macho de la población occidental pasó a la oriental, aunque sin éxito reproductor. Más recientemente se ha detectado el caso de otro macho, que está siendo analizado por la Universidad de Oviedo.





