Guerín, más un poeta del cine o un creador plástico que un director al uso, habló en su encuentro con el Festival, entre otras muchas cosas, de censura. Según dijo, las trabas a las que se someten ciertas películas superan a la censura ideológica de otros tiempos.
«Recuerdo -dijo- cómo en los años setenta tenías que viajar a Francia para ver títulos que aquí estaban prohibidos. Pero hoy sigues teniendo que salir del país para asistir a estrenos de películas que la censura comercial no permite hacer llegar a nuestras pantallas. Ha habido una regresión apocalíptica».
Deuda con el cine mudo
Y no miró el pasado sólo Guerín para hablar de límites comparativos, también para confesar deudas, como la que asume tener con el cine mudo, asegurando haber vivido con las películas anteriores al 'Cantante de jazz' una auténtica ceremonia, «todo un ritual con el resto de la sala». De aquel amor nace también 'Unas fotos para la ciudad de Sylvia', a la que calificó de «fantasía fotográfica muda».
Una fantasía, creada, precisamente, «para ser vista en silencio», según su montadora y productora, Nuria Esquerra, pero que en Gijón fue estrenada anoche con un quinteto sonando en directo, que aunque no responde a la intención original, según Guerín «hubiera hecho feliz al mismísimo Murnau».
'Unas fotos en la ciudad de Sylvia' es, además, un «laboratorio de imágenes». Así la describen Carlos Losilla y Jaime Pena en el 'Cuaderno de notas', libro sobre la película presentado también ayer y su descripción es perfecta para el cineasta, siempre y cuando se desvincule del significado de experimento.
Según el Premio Nacional de Cine, esta película es realmente un montaje realizado a partir de las imágenes de su archivo personal, imágenes que primero fueron engarzadas como un ejercicio privado y, al «mostrar la vocación de historia que había entre unas y otras», es decir, sus enigmas, se convirtieron en la película que son hoy, además de en un generoso complemento de 'En la ciudad de Sylvia', título al que se sumará en breve una instalación artística que Guerín presentará en la Bienal de Venecia para cerrar el círculo.
Finalmente el cineasta, que apostó por que sea el espectador quien reconstruya la historia, destacó la importancia de que las películas sean «un esbozo», que sea cerrado, completado por la mirada del que se sienta frente a él.





