
Los años pasaron y la vida empezó a tratar mejor a este cangués cuando, recordaba ayer su hijo, «fue a buscarse la vida» en 1968 a Madrid. Cinco años más tarde inauguró lo que hoy es un famoso y prestigioso restaurante: El Ñeru, sito en la madrileña calle Bordadores, y típicamente asturiano.
Más tarde, cuando regresó a su concejo natal, Cangas de Onís, hizo una visita a la residencia de ancianos Camila Beceña. Ahí Vicente Caso revivió su pasado cuando se encontró con algunos ancianos que ahí residían y que resultaron ser los mismos que le habían ayudado a él hacía ya décadas.
Aquel día, hace ya ocho años, decidió devolver los favores que le habían hecho a lo largo de su juventud, cuando ejercía sus labores de pastoreo. Desde aquel día la familia de Vicente Caso entrega por estas fechas a la residencia canguesa una enorme cesta de Navidad repleta de comida -unos mil kilos en esta ocasión-, además de 10 décimos de lotería.
Vicente Caso murió pero su hijo Fernando no quiere perder esa tradición familiar de entregar a los mayores de la residencia de Camila Beceña un buen presente todos los años. «Fue un encargo que me hizo mi padre», asegura recordando al empresario cangués. «Me pidió que, si algún día él faltaba, siguiera con esa tradición». Y así lo ha hecho. Fernando continúa con este rito agradeciendo por estas fechas lo bien que se portaron con su padre y, asegura, los ancianos «nos dan un recibimiento muy emotivo siempre».
Valor humano
Pero este joven cangués afincado en Madrid no se ha tomado la continuidad de la tradición como un mandato de su padre, para él significa algo más: «el valor humano de la gente es lo que menos se valora y cada día se va perdiendo», dice. Por eso, aunque las toneladas de comida que ayer dejó en la residencia servirán de sustento para todos los ancianos y, realmente, responden a algo material, lo importante de la donación es «el cariño con el que se hace, y el amor con el que se recibe», concluye.





