Programas como 'Línea 900' no sobran. Al revés, faltan. Sería bueno que hubiera más programas de reportajes de investigación sobre temática social, capaces de plantear asuntos importantes que no siempre merecen la atención ordinaria de la tele, tratándolos de una manera profesionalmente seria, sin alardes de cámara oculta para cualquier cosa y sin ceder a la tentación permanente del chafardeo, el famoseo y el canalleo. Digo que sería bueno y añado que, además, o lo hace la televisión pública o no lo va a hacer nadie.
Cuando las cadenas privadas han explorado ese género, han caído inevitablemente en vicios profesionales realmente desoladores. A los que van por la vida con una cámara oculta prendida en el escote termina interesándoles más la cámara en sí y lo escandaloso de la filmación que la importancia objetiva del argumento. Otros clavan el hocico en la porquería que los famosos dejan tras de sí y despliegan grandes esfuerzos que son tan comentados por el público como irrelevantes para la opinión. Hay quien ha cultivado subgéneros muy concretos, normalmente estimables (la marginalidad social, por ejemplo), pero de alcance muy limitado. Y luego están los que se acercan a la realidad social con aire de turista, como quien escribe una postal apresurada, según hace 'España directo'; son trabajos también respetables, pero no permiten profundizar en ningún terreno. ¿Quién hace algo parecido a lo que ha venido haciendo 'Línea 900' Nadie.
Es verdad que le ha faltado pluralidad de enfoques, pero eso se arregla mejorando el espacio, no suprimiéndolo.





