Sucede que el contribuyente siempre es sensible en cuanto al destino de sus aportaciones. Por eso ante el reparto de subvenciones del Ayuntamiento de Gijón para actividades culturales puede no lamentar la supresión de algunas, pero aprecia a la vez desequilibrios evidentes: una iniciativa personal de alcance muy limitado, pese al pomposo enunciado con que se autodefine, recibe en euros seis veces más que otra de innegable proyección en el mundo de las artes plásticas.
No menos llamativo, en otro orden de cosas, es que Factorías Juliana, el astillero gijonés devuelto a la esfera empresarial privada tras unos decenios de estancia en el terreno de lo público, tenga en plantilla 170 trabajadores, mientras que son 730 los de las empresas de sus contratas. He aquí un paradigma próximo de la legalización del prestamismo laboral. Tanta lucha y tanto pleito para, bendición sindical y de la izquierda política mediante, llegar a esto.





