
-¿Ha estudiado más para esta ocasión?
-Algo más, pero cuando llegué tenía la impresión de que sabía exactamente lo mismo. Además, había mucha competencia. No me esperaba para nada el premio.
-¿Qué prueba se le resistió más?
-La carta de Ronia. Consiste en la proyección de una lista de vinos con todo sus datos: procedencia, año, bodega... Hay errores y debes detectar cuáles son, por lo que es necesario conocer muy bien los productos.
-¿Puede decirse que es el mejor sumiller de Asturias?
-No. Hay gente que sabe más, pero no quisieron presentarse porque se ponían muy nerviosos al hacerse las pruebas delante de público.
-¿La gente conoce esta profesión?
-Muchos piensan que ser sumiller es como lo que ven en las películas, la persona que se acerca a la mesa y dice: «Señor,¿qué vino desea tomar?».
-¿Y qué es en realidad?
-Es la persona que recomienda todos los productos que encajan con un plato. Debe saber de cafés, infusiones, copas, vinos, aperitivos, postres. Pero esta figura sólo se encuentra en la alta restauración.
-Entonces un buen sumiller debe
-Saber aconsejar y tener la bodega perfectamente actualizada, de tal manera que siempre ofrezca los vinos en las mejores condiciones. A veces por guardarlos demasiado tiempo se estropean.
-¿Apuesta siempre por la última novedad?
-Sí, lo que pasa es que aquí no puedo traer los vinos que me gustaría porque mi local es de chateo. Yo fui de los primeros en ofrecer vinos que no conocía la gente, nunca fui a marcas tradicionales.
-¿Cuáles son las características de un buen vino?
-Lo esencial es que tenga equilibrio entre acidez, alcohol y taninos (eso último, sólo en los tintos). Luego hay otros factores como las variedades de uva, el tipo de vinificación...
-¿El vino asturiano tiene mucho que envidiar a los del resto de España?
-Es una pregunta complicada. El vino blanco de Cangas es muy bueno, y el tinto ha mejorado bastante, pero tiene un handicap, el precio. Es demasiado caro a la hora de comercializarlo y va a costar venderlo.
El gusto por el vino
-¿Qué sentido hay que desarrollar más para ser sumiller?
-Todos están interrelacionados, lo que te dice la vista debe confirmarlo la nariz y la boca.
-¿El gusto por el vino depende de la edad?
-La gente empieza a probar los vinos a los veintitantos, aunque siempre hay excepciones. Además los gustos cambian según crecemos, a los jóvenes, por ejemplo, les gustan los vinos jóvenes (blancos, albariños, Rueda), mientras que los adultos se inclinan por los crianzas y reservas.
-El negocio del vino mueve mucho dinero, pero, ¿los consumidores se fijan en el precio o en la calidad?
-Es cierto que es un negocio que está en auge, cada vez hay más guías especializadas que despiertan la curiosidad de la gente por el tema. Pero, claro, la copa de un buen vino te cuesta 3 euros como mínimo, y ese precio frena a la hora de probar cosas nuevas.
-¿Cuándo sale a cenar es un comensal más o sigue trabajando?
-(Risas) Mis amigos siempre me piden consejo, ellos escogen el menú y yo, el vino.
-¿Cuál es su favorito?
-Los del Priorato, pero suelen ser caros.
-¿Es fácil acertar con los gustos de los clientes?
-Por lo general, sí. Cuando devuelven un vino suele ser porque está pasado, tiene corcho o algún defecto. Pero la gente no es tan sibarita.
-¿La sumillería es cosa de hombres?
-No, las mujeres tienen sus ventajas y desventajas. Ellas tienen mejor nariz, pero por lo general les gusta menos, suelen encasillarse en un producto, quizás por comodidad.
-¿Es un negocio con mucha competencia?
-En Oviedo fuimos de las primeras vinaterías en abrir, y ahora debe haber tres en cada barrio. Pero no todo el mundo entiende. Creo que vender vinos no debería ser como vender tornillos. Pero en la hostelería siempre pasa lo mismo cuando algo está de moda.





