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La Universidad honra a la palabra
La investidura como doctores honoris causa del poeta Ángel González y el novelista Juan José Millás se convierte en un profundo homenaje a las Letras

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ACTO. En el centro, Josefina Martínez con Ángel González, y detrás Juan José Millás, con su padrino Álvaro Ruiz de la Peña. / M. ROJAS
La incorporación de Ángel González y de Juan José Millás a nuestro claustro tiene el significado último de proclamar el valor, la pasión, la fuerza de la palabra». El rector de la Universidad de Oviedo centró en esa idea su intervención y en ella se concentra la esencia de la solemne ceremonia de investidura como doctores honoris causa del poeta ovetense y el novelista valenciano, celebrada ayer en el Edificio Histórico de la institución que cumple 400 años.

Fue el de ayer un excelso homenaje a las Letras en los nombres de dos prohombres, los investidos, y con la mención a otros muchos, como si la Universidad saldara con ello una larga deuda contraída en el tiempo. Alusiones emotivas a Emilio Alarcos Llorach, justas a Leopoldo Alas 'Clarín' y Armando Palacio Valdés y, ya fuera de nuestras fronteras, admiradas reminiscencias a James Joyce y Frank Kafka, por citar sólo algunos ejemplos, sirvieron para rescatar la palabra escrita de una lista de 48 doctores honoris causa de esta Universidad en la que sólo cinco de ellos fueron humanistas.

Así lo recordó el profesor de Literatura Española, Álvaro Ruiz de la Peña, padrino encargado de pronunciar el elogio de Juan José Millás, último premio Planeta con su novela 'El mundo'. De este columnista y narrador, destacó Ruiz de la Peña que «reúne todos los requisitos para el título» por cultivar las letras «con la más alta excelencia artística», haber hecho una enorme proyección de la Universidad de Oviedo a través de su colaboración en cursos y conferencias y por ser, como ciudadano, solidario y ejemplar. Por esas razones, la «composición imaginativa de lucidez que es su obra» y «su persecución del sentido de la vida de forma obsesiva» se convierte la Universidad de Oviedo en la primera en abrirle sus puertas al supremo grado del doctorado.

Cruzó ese umbral Millás de la mano de Joyce y de Kafka. Del primero como «salvoconducto» para iniciarse en los círculos literarios. Casi lectura obligada la de aquel 'Ulises' «complicado y largo» del que se derivaron infinidad de productos posteriores. Y con el checo para sublimar la sencillez de una pieza que desea emular precisamente «porque cuando un lector no sabe si debe reír o llorar es cuando tiene la seguridad de encontrarse ante una obra de arte». Y eso es lo que ocurre ante 'La metamorfosis', dice Millás, que se confiesa confundido todavía hoy, después de haber acudido con fruición a sus páginas, para tratar de explicarse «¿cómo lo consiguió Kafka?».

También pareció formularse la misma pregunta, aunque a sí mismo, el poeta Ángel González, premio Príncipe de Asturias de las Letras. «Soy un señor muy antiguo o mejor lo que fue de un señor», anotaba en su último poema este ovetense que ayer regresaba al mismo edificio en el que de joven había estudiado Leyes. Como «un viejo jubilado» se definió el poeta que dice mirar atrás y ver con asombro «cuántas máscaras, cuantos uniformes (...) Supongo que este título que hoy recibo se da al autor de algunos versos. Yo soy el heredero del poeta que fue y que decidió dedicarse a escribir versos cuando estudiaba aquí la carrera de Derecho».

Nostálgico, también sarcástico, contó como madrina con la catedrática de Lengua Josefina Martínez, quien le presentó como «un poeta imprescindible de la mitad del siglo pasado y de lo que va de éste».

Recuerdo de Alarcos

En su bella laudatio, explicó la filóloga que la poesía de González se sitúa en el orden del compromiso y de la verdad por encima de todas las cosas, y recordó, como una anécdota frustrada, que a punto estuvo de ser profesor de la Facultad de Filología de esta Universidad. En su presentación, al igual que luego haría el poeta, recordó la madrina la figura del lingüista Emilio Alarcos Llorach, amigo íntimo del doctorando y del que ella es su viuda y directora de la cátedra que lleva su nombre.

La ceremonia de investidura contó como testigos con numerosos miembros de la comunidad universitaria, así como con el Presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, y varios de sus consejeros, además de los concejales de Cultura de Oviedo y Gijón. Cumpliendo con la tradición, el rector entregó a los nuevos doctores los atributos de la nobleza universitaria: el título que lo atestigua, el birrete para «coronar estudios y méritos», el libro de la ciencia y la sabiduría, «que es preciso cultivéis y difundáis sin descanso», y el anillo que en los pasados tiempos daba el privilegio de sellar arbitrajes. «

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