Al juicio, celebrado ayer, fueron llamados un total de 24 testigos para narrar las circunstancias de un suceso que provocó varios heridos graves. De hecho, uno de ellos se personó ayer en calidad de acusación particular, representado por el letrado Arturo González. En este caso, la víctima aceptó el acuerdo de conformidad, pero se reservó las acciones pertinentes para ser indemnizado de acuerdo con los daños sufridos y sus secuelas. No en vano, aún no ha completado su recuperación y se baraja incluso que deba someterse a una nueva intervención quirúrgica.
En el juicio de ayer se repasaron cuestiones como la huida protagonizada por el conductor, cuya identidad se corresponde con las iniciales O. G. A., desde el momento en que se produjo el atropello y hasta la localidad lucense de Ribadeo.
En esa huida, el conductor protagonizó una persecución en la que hizo caso omiso a las señales que le lanzaban los agentes de la Guardia Civil, que finalmente pudieron someterle en Ribadeo, dos horas después del siniestro, a un análisis de alcoholemia en el que arrojó un resultado que duplicaba la tasa máxima permitida para conducir.
Atrás había dejado una escena con numerosos heridos, de los que 16 requirieron tratamiento médico y que, en algún caso, sufrieron heridas graves, como fracturas abiertas, luxaciones o fuertes contusiones.
Los hechos
El suceso se produjo hacia las siete y media de la mañana, momentos antes de que comenzara la prueba deportiva en el tramo Somao-Vegafriosa. En ese momento, numerosas personas se disponían en las zonas reservadas para el público, cuando apareció O. G. A. al volante de su Citroën C-2 con matrícula 9435-DBZ. En un momento dado, al entrar en un tramo curvo, perdió el control del turismo y envistió a los asistentes, que se encontraban detrás de una valla.
La mayoría de los heridos graves sufrieron fracturas en las extremidades inferiores, si bien también se produjeron daños relevantes en otras partes del cuerpo.





