
Javier Villa se marchó anoche de las instalaciones jerezanas dándose la razón a sí mismo. Sabía, y lo había anunciado, que le queda mucho trabajo por delante, que sólo se trataba de un test y que sus miras, al menos este año, están fijadas en el título de las GP2 Series. Pero lo cierto es que no sólo se trataba de un simple debut. Supone un avance en su carrera. Necesitaba conocer en primera persona cómo es un monoplaza de F-1: su adaptación al puesto de conducción, su altura al volante, sus impresiones en el paso por curva, sus sensaciones con la suspensión del BMW y los neumáticos Bridgestone... Y ya lo conoce.
Había interés en probar con la tercera escudería del Mundial de constructores. Unas pocas vueltas, aunque sea con un coche ganador como el BMW-Sauber, no serán decisivas, pero, sin duda, entreabren un poco más las puertas de un 'circo' cuyas principales cabezas visibles apreciaron las excelentes 'manos' del piloto de Racing Engineering durante las tres horas y cuarenta minutos que duró su jornada. «Es un sueño hecho realidad, un primer paso muy positivo y una experiencia que siempre recordaré, pero ahora hay que bajar de la nube y tener en cuenta que mi objetivo está en las GP2 Series», incidió.
El colungués cubrió unos 250 kilómetros en 55 vueltas, logrando el peor crono de la jornada (1:23.583), a cuatro segundos del primer piloto de la casa alemana, Nick Heidfeld, que encabezó la tabla de tiempos -aunque éste con neumáticos lisos-, según un comunicado del servicio de prensa del circuito jerezano. Un tiempo, el del asturiano, anecdótico ya que, al contrario de sus rivales, rodó a primera hora, cuando la pista se encontraba en peores condiciones, es decir, fría y sucia. El asfalto apenas presentaba goma y la temperatura era baja en esos momentos, lo cual repercute en el rendimiento de los coches. Además, no montó las gomas lisas que la marca japonesa ha llevado a Jerez para su evaluación, como sí hicieron muchos otros, y que suponen una mejora de entre un segundo y dos por vuelta.
Tandas de 7 y 10 vueltas
La mañana deparó, en cualquier caso, sonrisas entre Villa y su entorno -encabezado por sus padres y su mánager Alfonso de Orleans-, pero en la F-1 no hay segundas oportunidades y el asturiano se cuidó, y mucho, de cometer un error y acabar con el coche aparcado en el arcén. Entró en el asfalto a las 9.05 y alternó tandas de siete y diez vueltas. Apenas treinta minutos después, ya adaptado al monoplaza y a la pista, apretó entonces, forzó en las curvas, rodó con brío. En total, 55 vueltas, siete más de las inicialmente previstas por los ingenieros.
Villa estaba satisfecho con la sesión. Fue generoso a la hora de poner nota a sus 220 minutos a los mandos de un F-1. «Por mi parte y por la del equipo, el test ha estado bien. Era mi primer contacto con un monoplaza y no ha habido ningún percance, que hubiera sido una cosa mala. Por eso, el balance es bueno», explicó el piloto, con el mono blanco, tras salir del box de su equipo en Jerez. Antes se había quitado el casco, el habitual, el de siempre, blanco con franjas rojas. Sólo alterado ayer en el frontal por una pegatina redonda de BMW y por una visera que lucía el nombre de uno de los principales patrocinadores de la escudería: Petronas.
El Circuito de Jerez vivió una gran jornada de F-1, con miles de personas que pagaron los tres euros de entrada. Hubo banderas del Principado, trompetas y ovaciones. Ambiente festivo por el asturiano, aunque fuera martes y queden cuatro meses para el arranque de la temporada. El objetivo no era buscar un gran tiempo -imposible en esas condiciones-, sino «rodar un poco, ver cómo va el coche, cómo me adaptaba, cómo funciona todo esto, que es un poco diferente...».
Aunque el bólido habitual de Javier Villa en las GP2 Series un una máquina extremadamente potente, el monoplaza de F-1 es sensiblemente diferente. La gran diferencia es, en palabras del piloto asturiano, «su paso por las curvas rápidas, dada su aerodinámica y apoyos, al margen de las velocidades, que son mucho mayores». «No me imaginaba nada en concreto sobre cómo sería la conducción, pero, en el momento de tomar las curvas, sí que notas que puedes ir mucho más rápido», describía el colungués.
Las sensaciones de Villa al volante del coche fueron buenas. Tal como sucedió en la pasada temporada, el BMW se mostró veloz y fiable, pese a las modificaciones introducidas pensando en el próximo año -entre ellas, la ausencia del control de tracción-, lo que para arrancar no está nada mal. «Tiene mucha más potencia y empuje, pero también más agarre que un bólido de GP2 Series», indicó el titular de Racing Engineering, que había pasado la jornada anterior metido en el box del equipo germano para ver su sistema de trabajo, acoplarse el volante y ajustarse los pedales y el asiento.
Villa regresará hoy a Asturias. El joven piloto de 20 años ya ha aterrizado en la F-1. Pero no se conforma. Espera ser uno de los probadores de BMW esta temporada. Lo sabrá en unos días.






