Mucho se habla de osos estos días. Knut, el osezno a quien le negó las ubres la mamá Tosca, celebraba hace cuatro días su primer añito con un banquete de bebé rico: sobre un lecho de lechuga, pastel coronado por chirimbolo en forma de vela y relleno de pescado, arroz, frutas y verdura. Y en la antigua Saigón qué ursívoros habrán dado buena cuenta del oso congelado decomisado a los proveedores que lo llevaban a un restaurante. Tampoco sé qué estará pasando con el osito del Sudán y si los escolares de Gillian Gibbons seguirán llamando a su peluche con el nombre del profeta de Alá.
Y en los escaparates, junto a los osos, papás noeles con un gran saco a la espalda y trepando por una escalera de cuerdas y travesaños de plástico. Son las primeras señales de que se acerca el gran festín a caballo entre el 24 de diciembre y el 6 de enero. En los mercados, las pescaderías y carnicerías, colmadas de pescados y carnes para congelar, porque las hipotecas no permiten hacer alegrías de pescado fresco o cordero, a los precios que se esperan, ni en la noche buena ni en la vieja ni en la pascua de Reyes.
Como estamos en tierra de cristianos, no faltan los belenes. En alguna vitrina encuentro la figurilla del caganer catalán defecando detrás de un árbol (no encuentro los caganers de los príncipes, que, aunque estamos en un Principado muy republicano, parece que algún miedo ha dejado la sentencia contra 'El Jueves').
Algunos dicen que es símbolo de prosperidad para el año siguiente ya que con sus excrementos fertiliza la tierra. Yo me inclino más bien por un símbolo de salud corporal: tanto tragar y comer durante dos semanas requiere un incesante descomer.
¿Y por qué no llevar al belén al chino Pi Xiou, el noveno hijo del dragón? Como había nacido muy esmirriado, su padre un día le cosió el ano, con lo cual empezó a asimilar todo lo que tragaba y así se convirtió en un ser fortachón con cabeza de dragón, boca de tigre, dientes de lobo y cintura de oso. Pero me temo que esta leyenda de sabiduría oriental no prosperará. Y el 7 de enero, montañas de residuos en los contenedores que irán a los crematorios: un poco más de fuego para la Tierra.





