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JOSÉ LUIS DÍAZ RATO DIRECTOR DE LA AUTORIDAD PORTUARIA DE GIJÓN Y DE LAS OBRAS DE AMPLIACIÓN DE EL MUSEL
«Por cada euro que ponemos nosotros en el puerto, la iniciativa privada invierte seis»
«Los nuevos tráficos y concesiones nos permitirán aumentar un 25% los ingresos para financiar El Musel sin incrementar los gastos de explotación»

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«Por cada euro que ponemos nosotros en el puerto, la iniciativa privada invierte seis»
Poco habitual en la prensa, el director de la Autoridad Portuaria de Gijón, José Luis Díaz Rato, es el responsable técnico de la obra de ampliación de El Musel, en la que lleva trabajando desde hace cerca de una década, primero con selección de alternativas; luego, con la redacción del proyecto, y, por fin, con la ejecución de los trabajos. Ahora, a falta de completar las protecciones en el Dique de Torres, y con más de una decena de cajones del Dique Norte fondeados en el sitio previsto, se muestra convencido de que acabar la ampliación es posible. Pero, además, asegura también que la inversión era necesaria para Asturias y que el puerto tiene plena capacidad para asumir la financiación que le corresponde.

-La comisión técnica que usted presidía dio la máxima puntuación a la oferta encabezada por Dragados para El Musel. ¿Tan buena era?

-Es que no es así. Nosotros nos regimos, como es natural, por las normas de contratación de Puertos del Estado, y en los concursos siempre se le asignan 100 puntos a la mejor oferta técnica. Aunque no lo recuerdo exactamente, no creo que la oferta de Dragados consiguiera la máxima puntuación en todos los criterios de valoración, pero sí estuvimos todos de acuerdo en que técnicamente era la mejor y, cuando se abrió la oferta económica, vimos que las propuestas mejores coincidían en el presupuesto, así que el precio no fue un elemento diferenciador.

-¿Cuáles eran los puntos fuertes de la adjudicataria?

-Lo primero, el planteamiento técnico de la obra. Pero también el sistema constructivo, la disponibilidad de medios, grúas, cajoneros, etcétera. y, en lo que a materiales se refiere, las dos canteras que entendíamos más adecuadas, la de Aboño y otra al lado de la de Tudela Veguín, que llamamos Perecil.

-¿Si no hubieran contado con esas canteras, que luego no pudieron ser empleadas como se pretendía, hubiera ganado la misma propuesta?

-Es que las otras ofertas también proponían esas canteras. La UTE adjudicataria y la que integraba a Necso y Ferrovial eran muy parejas en casi todo, pero el sistema constructivo nos convencía mucho más el de Dragados. La evaluación se hace con datos objetivos y el acuerdo fue unánime tanto de los representantes de la Autoridad Portuaria como de Puertos del Estado.

-La propuesta que incluía a Duro Felguera contaba con cantera propia...

-Proponía otra cantera más distante, que nos pareció, por esa razón, peor.

-¿Se arrepiente de la decisión tomada, habida cuenta de que la cantera de Aboño no pudo ser utilizada hasta este año y el sobrecoste que eso generó?

-La palabra arrepentirse es un poco dura. Yo creo que, a la vista de lo que pasó, con cualquier otra empresa hubiera ocurrido lo mismo. Tal vez otras empresas hubiesen planteado soluciones distintas, pero casi todas las constructoras se mueven por los mismos parámetros. Nosotros necesitábamos los medios que tenemos con la adjudicataria, porque íbamos a abordar una obra que presentaba muchas incógnitas. Téngase en cuenta que en El Musel nunca se pudo construir un dique de abrigo en talud, porque la mar se llevaba los vertidos. La constructora del Príncipe de Asturias lo intentó, pero desistió y tuvo que optar por un núcleo de bloques de hormigón. Otro precedente era que para fondear tres cañones en el morro del dique Príncipe de Asturias se tardó un año. Las dificultades previsibles eran muy grandes y tuvimos que contar con los mejores medios que proporcionaba la adjudicataria.

-EL COMERCIO publicó el pasado domingo que HC tenía las mismas instalaciones al pie de la cantera de Aboño en enero de 2007, cuando se autorizó su explotación, que en marzo de 2005. ¿Qué pasó?

-Lo que ocurrió es que HC consideró incompatible la explotación de la cantera con la ejecución de la planta de desulfuración. Las instalaciones pueden ser las mismas, pero el personal que trabaja en ellas durante la construcción, no. Por eso, cuando finalizan esas obras, HC da su conformidad a la explotación de la cantera. La Autoridad Portuaria estuvo siempre presente en las reuniones entre HC y la adjudicataria durante 2005 y 2006, hasta que se aceptó la explotación de la cantera.

Plazo

-¿Sabían al acometer la ampliación que sería imposible acabarla en cuatro años?

-Posibilidad de cumplir ese plazo había. Probabilidad, poca. Todo dependía de lo que nos dejase trabajar la mar. Si se producían pocos temporales y concentrados en unos meses, se podría. El primer año, el 19 de setiembre tuvimos ya olas de más de seis metros, mientras que el primer gran temporal de este año se produjo el 1 de diciembre. Con olas de 10,5 metros, pero ya en diciembre. El condicionante es que tenemos que estar a lo que la mar disponga.

-¿Hubo daños el pasado día uno?

-No. Funcionó todo muy bien.

-Independientemente de algunos temporales singulares, ¿está dejando la mar trabajar?

-Para nosotros no es tan importante la fuerza de los temporales como cuándo llegan. Pero también hay casos auténticamente excepcionales porque la altura de ola se junta a otros factores, como la carrera de la marea, por ejemplo. La realidad es que, si la mar se hubiera portado mal, en general, no hubiéramos llegado donde estamos.

-¿Hubo que improvisar muchos cambios respecto al proyecto?

-No, muy pocos. Aunque el proyecto se redactó en cuatro meses, a partir del momento en que el Consejo de Administración aprobó la alternativa que se está ejecutando, veníamos trabajando desde hace muchos años en la ampliación y sabíamos que teníamos la solución prevista para los grandes problemas. Eso hizo que los cambios incluidos, como el entronque de los diques de Torres y Norte, para aumentar la seguridad, supongan sólo un 2% del presupuesto. Los puntos débiles son las juntas y está claro que el oleaje lo sabe, porque es donde te machaca.

-¿Tiene usted la sensación de que el puerto está en el punto de mira?

-No hace falta más que coger las colecciones de los periódicos para verlo. Ya el presidente del Principado dijo que muchos apostaban porque no se hiciese la ampliación y, al ver que íbamos en serio, las dificultades fueron creciendo. Se trata de una constante en la historia del puerto, porque ya El Musel se hizo en contra de la opinión de los gijoneses, pero, sin él, hoy no habría industria en Asturias.

-¿Ocurrió siempre lo mismo?

-Fue distinto en los pasados años 60, cuando el puerto de Gijón captó la mayor inversión del sistema portuario español. De aquella movíamos 4,4 millones de toneladas al año y se acometió el dique de Levante, hoy Príncipe de Asturias, con un presupuesto, de aquella, de 1.300 millones de pesetas. El caso es que El Musel se encontraba en la década de los 80 en segunda división y al plantear que queremos jugar en primera, la incredulidad fue manifiesta y la oposición se ve en la prensa.

-¿Persiste?

-Hay quien está politizando unas obras que deberían ser de todos, pero ahora, con más líneas regulares y nuevos tráficos, el conocido derrotismo de que no hacía falta ampliación queda superado. Por cada euro que ponemos nosotros, invierte la iniciativa privada seis. El puerto es dinamizador de la economía.

-¿Podrá el puerto pagar la parte que le corresponda de sobrecoste?

-Sin duda. Los nuevos tráficos y concesiones nos permitirán aumentar un 25% los ingresos sin incrementar los gastos de explotación. Las obras, además de con fondos europeos, se pagan con recursos propios. Es pura demagogia decir que el sobrecoste saldrá del bolsillo de los gijoneses, porque de los presupuestos del Estado no sale nada. Antes bien, el puerto ha utilizado parte de sus recursos para ofrecer a los gijoneses, por ejemplo, el paseo del puerto deportivo, las nuevas playas, etcétera.

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