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GIJÓN
Hacia el naufragio educativo
09.12.07 -

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CADA tres años, el Informe PISA evalúa en varios países el rendimiento y los conocimientos de los estudiantes de 15 años, con pruebas de carácter científico, matemático y de lectura. La intención del Informe PISA no es la de establecer una especie de ranking o escala educativa; sin embargo, es inevitable la comparación entre países, a través de los resultados de las pruebas escolares. En España, estos resultados, que por mucho que se maquillen no son buenos, han causado cierto revuelo. El nivel de comprensión de lectura de los estudiantes españoles retrocede y las habilidades matemáticas y científicas se estancan en una gris mediocridad. Sólo participaron en el Informe PISA diez comunidades autónomas, entre ellas, Asturias. Me imagino que si hubiesen estado todas las comunidades -faltan Canarias, Extremadura, Madrid, Castilla-La Mancha, Baleares, Murcia y Valencia- los resultados podrían haber sido peores.

Según los datos del Informe PISA, los escolares españoles se encuentran en matemáticas en el puesto 32 de los 57 países comparados; están en el puesto 35 en lectura y en el 31 en ciencias. Asturias queda por encima de la media española (22 en matemáticas, 29 en lectura, 19 en ciencias).

Como en años anteriores, Finlandia encabeza en casi todo la lista de los países participantes. Naciones como Corea del Sur o Hong Kong despuntan con fuerza. Y los Estados de Europa Central como Hungría, Polonia o la República Checa, ascienden con firmeza y se colocan en educación bastante por encima de España, Italia y Portugal.

Salvo en situaciones excepcionales, el nivel educativo de un país es como una bola de cristal que predice el futuro bienestar de sus habitantes. España ocupa hoy uno de los puestos más altos del mundo en cuanto a desarrollo económico y, sin embargo, está en un nivel educativo mediocre y en ligero retroceso. Este desfase entre niveles educativos y de vida indica que dentro de diez años estaremos más empobrecidos y con un bienestar menor. Por la misma razón, países como Estonia, Polonia o Checoeslovaquia, en los que su educación está muy por delante de la que se imparte en España, no tardarán en superarnos en economía y nivel de vida.

¿A qué obedece el retroceso educativo en España? Respuestas como la del presidente del Gobierno achacando el bajo nivel a la educación de los padres, o la que dio la ministra de Educación, que culpa a la juventud del nuevo sistema educativo español, son, además de imprecisas, de una tremenda simpleza. Por otra parte, la inversión pública en Educación, menor en España que en otros países europeos, sin duda es una de las razones, pero no determina o justifica estos malos resultados. La falta de estabilidad de un sistema educativo fijo y que no cambie con cada Gobierno, el exceso de pseudopedagogía burocrática o las arremetidas contra la autoridad del profesorado -las más demenciales procedieron hace ya veinte años de Maravall, el ministro de Educación más nefasto de la democracia- son otras de las razones de un problema complejo. La solución no está en la LOE, sino en Finlandia.

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