El Barómetro Global de la Corrupción señala que los partidos encabezan el 'ranking' de desconfianza. Hay calumnias verdaderas, ya que la gente sigue teniendo la horrible manía de decir cosas completamente ciertas cuando sus respuestas no pueden buscarles un lío. Momentáneamente les ha sido concedida la transparencia y el nombre exacto de muchos contemporáneos, que no es otro que el de ladrones.
¿Cómo sería España si no hubiera tantas personas con afición y posibilidad de llevarse lo que no es suyo? «Dios me ponga donde haiga, y lo demás a mi cuenta caiga», dice un viejo refrán, lo que prueba que el hábito ha estado vigente en todas las épocas y lo único que varía es la impunidad. Desde que los fenicios inventaron la moneda ha habido personas que, como decía mi inolvidable Coll, hubieran dado cualquier cantidad de dinero con tal de tener un poco más. Nadie puede precisar en qué fecha se inventó el soborno, pero parece que vive entre nosotros tiempos gloriosos. Los sectores sociales que los padecen, según el sensible Barómetro Global de la Corrupción, son la clases medias y con ingresos más bajos. A nadie le extraña: ya sabemos que su destino es únicamente dar buen ejemplo.





