
Los voluntarios de la Cruz Roja se turnan para hacer guardia en un botiquín instalado ante la carpa de la Laboral. Ayer por la mañana, los encargados de esta tarea eran Arturo Hernández, Eduardo Rodríguez y Jesús Pumas. Ellos explican que «las rozaduras por no llevar guantes, las contusiones, las ampollas causadas por las botas y los esguinces» son las lesiones más sufridas en la pista. Pero el domingo, en la jornada inaugural, el trabajo se multiplicó. A los incidentes más habituales hubo que sumar casos más graves que fueron derivados directamente al hospital. Al menos dos patinadores acudieron con sendas fracturas al Hospital de Begoña.
Doble fractura
Es el caso de la gijonesa Julia Menéndez, que no oculta su enfado ante la lesión sufrida. Una caída en el hielo el domingo le provocó una doble fractura de muñeca y hoy será ingresada para ser operada. Ella asegura que la causa de su accidente fue el estado de la pista. «Yo intentaba patinar, pero no dejaba de tropezar con el hielo suelto», relató. No es la primera pista en la que patina e, insiste, en que nunca le había pasado algo parecido y cree que «la limpieza debería ser más frecuente». Julia afirma que el domingo hubo más casos que el suyo. Antes de ir al Hospital de Begoña, fue a Cabueñes, donde también le comunicaron que habían atendido varios casos de patinadores lesionados. Ante la larga espera, optó por irse.
Ayer, sin embargo, había menos gente en la Laboral y también menos caídas. Mientras tanto, la mayoría de los patinadores, según explican con humor los voluntarios, «tienden a aterrizar de culo». Lo pudo comprobar, por ejemplo, Gracián García, quien «nunca antes había patinado». «Sí esquiaba, pero es muy diferente», reconoció tras sudar la gota gorda con los patines. Sobre cómo se le dio su primera vez, este almeriense con residencia en Oviedo sólo dijo que «saltó a la vista». En más de una ocasión se estampó contra el hielo. Eso sí, pudo respirar tranquilo. «Creí que me iba a hacer más daño de lo que fue al final». No lo consideró peligroso.
Pero es que los que se animaron a patinar ayer pudieron disfrutar de una pista casi vacía. Por la mañana, apenas entraron unas 38 personas. Además de algún estudiante de la Laboral también aprovecharon para enfundarse en los patines varios trabajadores con el día libre y familias con niños.
Algunos fueron más atrevidos y se animaron a soltarse e incluso a hacer alguna que otra pirueta. Otros, más temerosos, se mantuvieron cerca de las vallas. En otros casos, la dificultad se sumaba al tener que sujetar a su hijo. Fue el caso del gijonés Javier González, que, mientras trataba de patinar, agarraba a su hija Elsa, de tres años y medio. «Al principio tenía miedo y no se soltaba, pero luego ya se animó», explicaba orgulloso.







