
-¿Cómo surgió su amor a la literatura?
-Desde pequeño mis padres tuvieron el acierto o el error, vaya usted a saber, de poner a mi alcance tebeos y novelas de aventuras. Más tarde fueron llegando los Machado, Dostoievski, Faulkner y Cortázar por poner sólo algunos ejemplos. Y claro, después me acosté con ese montón de seres inconsolables que tengo colgados por los anaqueles.
-¿Usted es de los que lee a sus colegas?
-Siempre lo he hecho, ya sea por placer, curiosidad o amistad y en otras ocasiones, cuando fui presidente de la Asociación de Escritores de Asturias, por responsabilidad.
-¿Cómo está el panorama literario en Asturias?
-Muchos hablan ya de una edad de plata de la literatura en Asturias. No sé si es así o no, pero desde luego brilla con luz propia, tanto en Asturias como fuera.
-¿Está contento con la acogida de sus obras por parte de los lectores?
-Un escritor siempre se sorprende con sus lectores. Es la parte más enigmática y a la vez más reconfortante. Sin ellos no habría literatura.
-¿Qué es lo más importante en su profesión?
-Lo más importante para mí es escribir todos los días un poco mejor, corrigiendo y corrigiendo, encontrando la palabra precisa y colocándola en el lugar oportuno, dando vueltas y vueltas alrededor. Pero, como diría Celine, «¿Alrededor de qué? Alrededor de la emoción».





