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Nochevieja playa
Cientos de personas se dieron cita la noche de fin de año en la plaza Mayor para seguir las doce campanadas y recibir 2008

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Nochevieja playa
CONCURRENCIA. Cientos de personas en la plaza Mayor, minutos antes de las campanadas de fin de año. / JOAQUÍN PAÑEDA
Madrugadores y ordenados. Los gijoneses que decidieron vivir el cambio de año desde la plaza Mayor optaron por seguir el consejo de los responsables del Teatro Jovellanos de acudir a la cita con suficiente antelación y casi media hora antes de la mágica medianoche eran muchas las personas que habían recogido ya su bolsa de cotillón para evitar prisas de última hora. Para entonces frente al mostrador desde donde se repartían las uvas y la sidra brut se formaba ya una enorme cola de gente que cruzaba de punta a punta de la plaza, hasta llegar a la puerta del Ayuntamiento. No pararía de crecer hasta poco antes de las doce de la noche.

Un año más, la cita unía frente a la Casa Consistorial a cientos de personas, muchas de ellas acostumbradas a seguir las campanadas por televisión pero que por un año decidieron hacer frente al frío y festejar 'en directo' el Año Nuevo. Era el caso de la joven María José Menéndez, que acudía con sus amigas, por primera vez, a una cita de estas características. «Mañana igual me muero de pulmonía, pero la verdad es que me lo paso mejor aquí que viéndolas en casa con la familia», reía.

«Subir a Primera ya»

Había sitio para todos. Grupos de jóvenes, familias, locales y foráneos. Entre los debutantes se encontraban Aboudou Teno y su mujer, dos senegaleses que llegaron precisamente en 2007 a la ciudad. «Esto es genial, me encanta», señalaba Aboudou. Entre sus deseos, un clásico: «Lo primero es que haya salud, es lo más importante». Otros preferían apuntarse directamente a la euforia futbolística y simplemente pedían «que subamos ya de una vez a Primera». También había quien, como Miguel Ángel Cuesta, se conformaba con haber podido alejarse «del barullo de Madrid» y disfrutar con su familia de la Nochevieja en su Gijón natal.

A medida que pasaban los minutos, la plaza Mayor iba abarrotándose de serpentinas, matasuegras y gorros de cartón, a la espera de tomar las doce uvas. «Solo quedan ocho minutos para 2008», avisaban por megafonía. Cuando llegaron las doce el jolgorio se hizo silencio por unos segundos para escuchar, y 'digerir' las campanadas. Después, como siempre, tocaban los besos y descorchar más sidra. La plaza se iluminaba con un 'Feliz 2008' y, a coro, recibía al Año Nuevo al ritmo del 'Gijón del alma'. Después Shakira dio paso a una fiesta que duró ya hasta las dos.

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