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GIJÓN
Año Nuevo, ¿de qué te conozco?
03.01.08 -

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ESTAMOS pisando ya el suelo virgen del Año Nuevo, dando los primeros pasos entre el silencio de nuevos sueños y las canciones y las risas, el jolgorio y la alegría. En la noche del primer día nos abrazamos, nos besamos, como si ya hubiéramos llegado a la estación de la dicha eterna y apenas sí acabamos de llegar a lo desconocido. A veces, nos asomamos a la luna nueva para indagar, mas no es la luna quien nos pueda guiar. Fuimos en esa noche como los niños que antaño jugaban en nuestras calles y sus gritos llegaban al pie de la ventana, con la gran diferencia de que ya no somos niños. Ya no sólo me refiero a nosotros, en este lugar, con nuestros compatriotas (que algo se vislumbra), sino a esos pueblos paupérrimos que se mueren de hambre, de hastío, de guerras, de enfermedades encadenadas (aún nos queda grabada la figura famélica de esos niños, puros huesos, los ojos y la boca grandes que apenas pueden moverse mientras un enjambre de moscas es su único compañero durante casi todo el día). Estamos ya pisando el suelo del nuevo, y cada año que pasa lo celebramos más como queriendo ocultar todos los graves problemas que pesan sobre nuestras conciencias: abortos, drogas, matrimonios rotos, desalmadas dictaduras -las que son y las que son y dicen que no son-, el rearme atómico de pueblos llenos de fanatismo, inmigración descontrolada... Año Nuevo en el que no sabemos qué pasará, pero sí que puede pasar (más guerras, conflicto atómico, terrorismo, hambre, hastío ) Entonces, ¿de qué nos reímos? ¿Por qué bebemos hasta no reconocernos? ¿Por qué tanta juerga, tanto festejo, tanto abrazo, tantos besos, tanto baile, tanta adoración pagana a un número de cuatro cifras que cada año toca a muchos miles en la pedrea de la muerte? ¿Está el mundo loco? ¿Es que al pretender dar la espalda a Dios no sabemos lo que estamos haciendo? ¿Qué siga la fiesta, que continúen las serpentinas zigzagueando alrededor de los 'protagonistas' de la fiesta pagana! Acaso mañana, cuando despierte el sol de nuestra estulticia y nos pongamos a buscar entre los restos multicolores, el jolgorio, las canciones y las risas y ya todo haya sido barrido por el viento de un año que se ha instalado en nuestra historia, tras las doce campanadas nos daremos cuenta de que el tiempo ha dado a luz otro año más que no conocemos absolutamente de nada

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