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AL AIRE
Gijón
04.01.08 -

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QUEDARSE prendado de los múltiples encantos de la villa de Jovino es como hacer lo propio con los de Jennifer López, pongamos por caso. O sea, que la cosa no tendría mérito alguno. Todo lo contrario que trascender lo meramente apariencial, rascar la epidermis y llegar a la mismidad pura y dura, tal y como hace ese inquieto y joven veterano llamado Janel Cuesta en la tercera entrega de la obra 'De Somió a Cimadevilla'. Asi aconteció en las dos anteriores y así sucederá en las que restan: hervideros de nostalgia para carrozas memoriosos o recordatorios para los olvidadizos; y, en fin, para los jóvenes son espléndidas postales no tanto del paisaje como del paisanaje de un ayer y un anteayer que coadyuvaron en gran medida a conformar la peculiar idiosincrasia gijonesa.

A lo largo de casi 200 páginas desfilan por la pasarela del recuerdo personajes tan variopintos como Gonzalo Vega, Kike 'Maseraes', Arturo Fernández, Ana 'La Larola', Luis 'El Jesse', Nano 'Cochando', Etelvina 'La Quirosa', Don Julián, el cura pescador de hombres y peces... O referencias a cosas tan nuestras como 'El Tostaderu', 'El Tren Botijo', el cine Los Campos, 'Les del Sábanu'...

Como un brevísimo fragmento del libro vale más que mil palabras sinceramente laudatorias del mismo, ahí van un par de detalles:

El de aquella eximia cimadevillense que mientras portaba 'paxos' de pescado sobre la cabeza cantaba cosas como ésta:

«Si a tu ventana llega una paloma, / guísala con patates... ¿sabe que escoña!».

Y el de aquel rapaz tan feo al que le dijo el funcionario encargado de tramitarle el primer carnet de identidad: «Oye, chaval, voy dátelu sin foto por si con el tiempu mejores algo».

Finalizamos con las opiniones de dos tertulios habituales en estas líneas que leyeron con fruición la obra de Janel. La primera es del viejo pescador Nolo Vasllenar:

«El autor ye un fenómeno en el arte del abareque, porque pescó les mejores sardines en forma de anécdotes».

La segunda corresponde al historiador Polibio de Porceyo:

«Si es cierto que los pueblos que no recuerdan su historia están condenados a repetirla, recordar de la mano de Janel Cuesta es una condena a gozar con la memoria de unos tiempos ni mejores ni peores: anteriores, simplemente».

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