ARTISTA

-¿Cómo surge su pasión por la pintura?
-Desde niño siempre tuve inclinación por el dibujo y la pintura. Me fascinaban las reproducciones que encontraba en los libros y recuerdo vivamente las primeras visitas a Museos con grupos escolares. Después, con los años, veía como algo imposible el poder vivir de la pintura. He trabajado mucho, me he ido dejando la piel en este áspero mundillo del arte, pero ahora vivo en Nueva York y con muchos dealers, galerías y coleccionistas llamando a la puerta. No termino de creérmelo. Creo que la fuerza del trabajo y el afán de superación, más allá de las vicisitudes y momentos terribles, son los que al final te sitúan.
-¿Qué expresan sus cuadros?
-Es una pregunta de difícil contestación. No todos los días tengo las mismas ideas en la cabeza. Desde el principio de los años noventa y hasta mi mudanza a Nueva York en el 2005, he intentado dotar a mi obra de un planteamiento absolutamente conceptualizado, sin evitar la expresión y el desarrollo formal.
-¿Ha renunciado a algo para poder pintar?
-Creo que he renunciado a todo, y al tiempo no he renunciado a nada. Los artistas somos gente habitualmente muy egoísta, celosos de nuestro tiempo y que por muy grande que sea nuestro compromiso, nos importa poco lo que nos rodea en lo inmediato.
-¿Por qué una muestra en una pequeña galería de Gijón?
-Simplemente por amistad. Me cae muy bien Gema Llamazares y su familia. Conmigo ha sido extraordinariamente correcta y profesional. Gema, es como aquellos antiguos galeristas que intentan buscar lo mejor para su clientela.





