
La larga visita de Sus Majestades a la ciudad dejó un halo de esperanza y un mensaje claro: «Debemos construir una sociedad sobre unos sólidos fundamentos de derechos humanos». Así se lo pidió el Rey Gaspar a padres y niños desde el balcón del Ayuntamiento de Gijón una vez que el séquito real había recorrido las calles de la ciudad. En el trayecto estuvieron custodiados por pajes, pastores, hebreos, romanos, árabes y ciudadanos llegados de lejanas partes del mundo. Como es habitual, la cabalgata se convirtió en un símbolo de la integridad racial y la armonía entre civilizaciones. «Sabemos que los niños gijoneses tienen muy buena convivencia con sus compañeros de otros países en sus respectivos colegios, con lo que este Rey os lo agradece muchísimo porque ese ha sido mi mensaje estrella en los últimos años», dijo el Rey Melchor a la multitud congregada a los pies del edificio consistorial.
Camión de cartas
Los pastores con las ovejas y la carroza del Belén abrían la cabalgata. Los burros y los bueyes precedían a la Estrella de Oriente que guía a los Tres de Oriente en sus viajes por el extranjero. Le seguía el camión que transportaba todas las cartas en las que que los niños gijoneses habían plasmado sus peticiones para la noche del 6 de enero. Tras el resplandor de la estrella aparecía un engalanado Príncipe Aliatar, que este año se ha dejado el bigote más largo.
Los ejércitos romanos y los representantes de Egipto custodiaban la carroza de un efusivo Melchor. A estas alturas del desfile a muchos niños ya no les quedaba voz de tanto gritar los nombres de Sus Majestades. Gaspar viajaba en una majestuosa carroza vigilada de cerca por el grupo de hindús y del ejército de Gengis Kan. Uno de los más aplaudidos fue Baltasar y su séquito, tras el que viajaban unos pajes muy especiales que circulaban subidos a patines.
A modo de coche escoba de la marcha transitaba un camión cargado de regalos en el que muchos niños creyeron reconocer las cajas de lo que habían pedido durante este año. Más aún, convencidos desde horas antes que Sus Majestades en esta ocasión no habían traído carbón, tal y como anunciaron durante su desembarco matutino en el Puerto Deportivo.
Para algunos niños la jornada de ayer resultó cansada. Hicieron casi el mismo periplo que Sus Majestades. Fue el caso de Carmen García, de seis años, a quien su familia la llevó al Puerto Deportivo, al Ayuntamiento y luego a ver la cabalgata. «Igual, hasta ya me conocen», apuntaba la niña pocos minutos antes de ver pasar al séquito por tercera vez en el mismo día. El amplio recorrido del desfile, con casi cinco kilómetros de largo, sirvió para que prácticamente todos los niños de Gijón pudiesen ver de cerca a los Reyes Magos. El Ayuntamiento cifra en 250.000 las personas que vieron la cabalgata.
Centenares de personas los esperaban en la plaza Mayor. Melchor, Gaspar y Baltasar salieron a un balcón del Ayuntamiento, junto con la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, para despedirse de los presentes y emplazarlos hasta el próximo año. «Id pronto a la cama para que nosotros y nuestro equipo empecemos a trabajar, la noche es larga y además estamos cansados y viejos», explicó el Rey Gaspar a la muchedumbre.
Baltasar aprovechó la salutación a los pequeños para regañar a unos pocos. «Sabemos que hay algunos que siguen con el chupete, cuando el año pasado nos prometieron que ya no habría más chupete, parece que hay algunos que son un poco desobedientes», señaló. Pinceladas negativas aparte, la de ayer resultó una jornada mágica en la que volvió a reinar la fantasía y la emoción.





