
-¿Qué significa para su sindicato, y para usted en particular como uno de sus representantes, la concesión de la Medalla de Plata de la ciudad?
-La valoración es muy positiva. No descartamos que existan más personas o entidades que la merezcan, pero nosotros estamos encantados porque es una forma de reconocer la labor que han realizado muchos trabajadores durante años. Hay que recordar que Comisiones Obreras nació en la mina de La Camocha, en 1957.
-¿Cómo surgió?
-Ante la negativa del Sindicato Vertical, los mineros decidieron organizarse en comisiones de trabajo. Desde entonces y gracias a la lucha de la gente de aquella época consiguieron consolidar aquel embrión.
-Con Franco no era fácil agruparse y luchar por los derechos laborales. ¿Cómo era aquella época?
-Era dura. Había compañeros a los que en vísperas del 1 de mayo venían a buscarlos a sus casas para meterlos en la cárcel y así evitar que se manifestaran; pero les movía la voluntad de mejorar económica y laboralmente.
-¿Cuándo se terminó aquello?
-Estuvimos 20 años en la clandestinidad hasta que en 1976 nos constituimos como sindicato en la conferencia de Barcelona.
Cambios sociales
-Parece que la gente hoy en día es menos reivindicativa y más cómoda. ¿Se ha perdido el espíritu revolucionario de esos años?
-Son épocas diferentes. En aquellos años la gente no tenía nada que perder, salvo la vida y el honor; y hoy, mucho que ganar. Ahora somos más retraídos, incluso, más egoístas. La sociedad ha cambiado y el sindicato se tiene que amoldar a esos cambios.
-¿Y en qué ha cambiado CC OO?
-Ahora, a diferencia de cuando comenzamos, no sólo nos preocupamos de la relación directa con la fábrica, sino también del entorno social. Entre otras cosas hemos puesto en marcha una cooperativa de pisos y una agencia de viajes a precios asequibles para que todo el mundo pueda acceder a ellos. También existe una rama dentro del sindicato de pensionistas y jubilados.
-¿Cambió el perfil del ciudadano que decide afiliarse a un sindicato?
-Si, cambió mucho desde la legalización del sindicato. Antes estaba muy centrado en las fábricas. Solamente en Aceralia había entre 10.000 y 12.000 trabajadores. En la actualidad al haber más mujeres y más inmigrantes que se han incorporado al mercado laboral también han aumentado como sector de afiliación, así como los trabajadores del pequeño comercio.
-A finales de año se llegó a un nuevo acuerdo de concertación social que, finalmente, se firmó el pasado martes. ¿Esa rúbrica demuestra el poder del diálogo?
-Es un avance muy positivo porque aumenta las partidas dedicadas al salario social. También hay una importante suma de dinero destinada a la Ley de Dependencia.
-En breve será necesario renovar otro pacto, el de Gijón Emprende...
-Es cierto y ahí estaremos porque queremos un Gijón industrial con puestos de trabajo, por lo que seguiremos apostando por la creación de empresas y la contratación de nuevos trabajadores.
-Hace unos años hubo un revuelo interno y el sindicato acabó siendo dirigido por una gestora, durante dos años, de la que usted estuvo al frente. ¿Qué pasó?
-En Comisiones somos bastantes inconformistas y todos queremos mandar.
-¿Están ahora en la calma que viene después de la tormenta?
-Ahora estamos bien situados, con un trabajo de nivel. Tenemos una ejecutiva en la que al menos hay cuatro titulados superiores y es importante. La mezcla de la cultura y la experiencia laboral es muy buena.
-Y su jefe, Antonio Pino ...
-Antonio llegó por la no presentación de Alberto Rubio a las elecciones y creo que está avanzando y alcanzando las expectativas del sindicato, con menos bombo que otros, pero logrando los objetivos.
-¿Cómo celebrarán la medalla?
-Nos la colgaremos el día de San Pedro y organizaremos una fiesta con los afiliados.





