
Esta mañana, a las nueve en punto ya estaban levantados. Nada más abrir los ojos saltaron de la cama cuan resorte en busca de los deseados juguetes. El crujir del papel de regalo inundó la casa y la cara de sorpresa de los pequeños satisfacía a sus padres. Andrea había pedido un juego para la consola y allí estaba. Ángel, un payaso, y también. Además, ambos tuvieron muchas más sorpresas, por lo que estaban encantados.
Al igual que Ángel y Andrea, miles de niños despertaron ayer con la ilusión de ver que les habían traído Sus Majestades desde el lejano Oriente. En general, los Reyes parecen haberse portado bien. Pocos fueron los que se quejaban de haber pedido algo que no estuviera bajo el árbol. «Es que hemos sido buenos», asegurabani Inma y Santi, dos mellizos de 6 años mientras correteaban por la mañana entre los árboles del parque de Isabel La Católica.
Inma estaba encantada con todos los accesorios de Mimitos y su muñeca, y su hermano no se separaba de las señales de tráfico. «Son parte de un circuito que me pedí, con coches y todo», explicaba.
El caso de Alina es especial. Esta niña de seis años vive en Alemania. Allí celebran Papá Noel, y tan sólo conocía la tradición de los Reyes Magos a través del relato de su abuelo John, casado con una asturiana. Por este motivo su familia decidió, desde hace tres años, venir a Gijón a pasar estas fechas para que la pequeña viviera en primera personal un día tan especial. De esta manera, Alina también tuvo su regalo por la mañana. Cuando se levantó se encontró con una muñeca. Y desde entonces no la dejó sola ni un momento. «Fue una auténtica sorpresa», asegura su abuelo.
Pocos niños
Zonas tradicionalmente invadidas de niños como son el parque de la plaza de Europa, el paseo de Begoña, los Campinos de Begoña, la plaza del Instituto, los Jardines de la Reina o el mismo Puerto Deportivo, donde el día anterior habían desembarcado Melchor y su comitiva, presentaban poco después del mediodía de ayer un aspecto desangelado. Este hecho llamó la atención de muchos, porque el día soleado y con una temperatura en torno a los 20 grados invitaba a salir como nunca a la calle.
Margarita Rodríguez, madre de Luis, de once años, aseguraba que «la culpa la tienen los videojuegos y los ordenadores. Ahora los niños no salen a la calle, están todo el día en casa frente a la pantalla de la tele, lo sé por mi hijo».
Otro de los motivos de la escasa presencia de niños es que muchos ya llevan disfrutando de sus juguetes desde el día de Navidad. Este es el caso de Sergio y Lara. Sus padres, Beatriz y Javier decidieron adelantar la entraga de los regalos «para que pudieran jugar más días con ellos». A algunos, como Abrahan, al mediodía todavía les faltaban regalos por abrir.






